En el año 2010, durante el deshielo en Siberia, Rusia, emergió un asombroso tesoro prehistórico: una cría de mamut lanudo congelada por 39,000 años. Este pequeño coloso, que pesaba una tonelada, sorprendió al mundo al mantener su pelaje y tejido muscular en perfecto estado. Científicos rusos lograron un hito al extraer muestras de sangre, ofreciendo una ventana única al pasado.

El destino del mamut se tejió en la travesía por un pantano, donde la congelación instantánea preservó su cuerpo de manera asombrosa. Las muestras de ADN obtenidas inspiraron a científicos surcoreanos a especular sobre el renacimiento de esta especie extinta mediante la clonación. Yuka, como fue llamado, se convirtió así en la esperanza de ver nuevamente a estos gigantes prehistóricos deambulando por la tundra siberiana.

Aunque Yuka no fue el primero en ser descubierto, su conservación excepcional abre la puerta a futuras posibilidades de revivir a los mamuts lanudos, dotando de vida a una página perdida de la historia de la Tierra. ¿Será que, en pocos años, caminaremos junto a estos majestuosos gigantes en la helada tundra siberiana?

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