En la mística esencia del antiguo Egipto, la Diosa Bastet emerge como una divinidad venerada desde los albores de la Segunda Dinastía (2890 a.C.). Encarnación de la protección, el amor y la armonía, Bastet se erige como la guardiana celestial de hogares y templos. Su trascendental papel se inicia como la diosa de la guerra en el Bajo Egipto, en el fértil Delta del Nilo, antes de la amalgama cultural que marcó la historia egipcia.

La imagen sagrada de Bastet se dibuja con la gracia de un gato doméstico o la majestuosidad de una mujer con cabeza felina, portando el símbolo sagrado del ankh, cruz egipcia de la vida, o en ocasiones, el sistro, instrumento musical. En la ciudad de Bubastis, rincón emblemático del Delta, el culto a Bastet alcanza proporciones extraordinarias. Templos se convierten en hogares para gatos que, en su vida y al final de esta, son honrados con la delicadeza de la momificación, descansando en tumbas específicas.

Bastet, más que una deidad, se convierte en la esencia misma de la conexión entre los dioses y la humanidad, inspirando danzas y melodías que reverencian su divinidad. En cada rincón de Bubastis, su presencia se teje en la trama misma de la vida, trascendiendo los límites del tiempo y resplandeciendo como un faro de amor y protección en la vastedad del antiguo Egipto.

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