Máquinas antiguas

El Éxodo es una de las historias más famosas de la historia de la humanidad. Cuenta cómo Moisés sacó a los israelitas de la esclavitud en Egipto y los llevó a la tierra prometida de Israel. Pero en el camino, enfrentaron muchos desafíos y peligros, especialmente en el árido y hostil desierto del Sinaí. ¿Cómo sobrevivieron durante 40 años en un entorno tan duro? ¿Y cuál era el misterioso alimento que Dios les proporcionaba cada mañana, conocido como maná?

Según algunos investigadores, la respuesta no está en la intervención divina, sino en la tecnología extraterrestre. Creen que el maná no era una sustancia natural, sino producto de una sofisticada máquina que estaba escondida en el desierto. Esta máquina, llamada Manna Machine, era un dispositivo que utilizaba energía nuclear para crear algas como alimento para las personas hambrientas. La máquina se basó en una descripción encontrada en un antiguo texto judío llamado Zohar, que forma parte de la tradición mística de la Cabalá.

El Zohar describe una entidad misteriosa llamada “el Anciano de los Días”, que tenía diferentes caras, cerebros, tubos y luces. Dos ingenieros eléctricos, George Sassoon y Rodney Dale, analizaron esta descripción y concluyeron que no se trataba de una figura divina, sino de un modelo técnico para una máquina que podía producir maná. Incluso construyeron un modelo de la máquina y probaron su funcionalidad.

¿Quién construyó esta máquina? ¿y por qué? Sassoon y Dale especularon que fue traído a la Tierra por una civilización extraterrestre que visitó nuestro planeta hace miles de años. Sugirieron que la máquina fue abandonada por los extraterrestres, que querían ayudar a la humanidad a sobrevivir y evolucionar. Luego, Moisés descubrió la máquina, quien aprendió a operarla y la utilizó para alimentar a su pueblo.

¿Pero hay alguna evidencia que respalde esta teoría? Y si es así, ¿qué significa para nuestra comprensión de nuestro pasado antiguo y nuestro lugar en el cosmos?

Una posible pista es el Arca de la Alianza, un cofre sagrado que contenía las tablas de los Diez Mandamientos. También se decía que el Arca albergaba el reactor nuclear que alimentaba la Máquina de Maná. El Arca tenía algunas propiedades extrañas, como emitir chispas, matar a cualquiera que la tocara y levitar cuando se transportaba. Estos podrían explicarse por la presencia de material radiactivo en su interior.

Otra posible pista es el maná mismo. La Biblia lo describe como una sustancia blanca que sabía a miel y galletas. También tenía algunas características peculiares, como derretirse con el sol, estropearse al cabo de un día y aparecer sólo seis días a la semana. Esto podría explicarse por las propiedades de las algas, que son sensibles al calor, propensas a descomponerse y necesitan un período de descanso para crecer.

Quizás la pista más convincente es el hecho de que la Máquina Maná se basó en un texto del Zohar, que es parte de la Cabalá. La Cabalá es una tradición mística que explora los aspectos ocultos de Dios y la creación. También contiene algunos conocimientos sorprendentes sobre cosmología, física, matemáticas y biología. Algunos estudiosos incluso han sugerido que la Cabalá contiene información codificada sobre tecnologías avanzadas e inteligencia extraterrestre.

¿Será posible que la Cabalá no sea una invención humana, sino una transmisión de una fuente extraterrestre? Y si es así, ¿qué otros secretos guarda? ¿Y por qué decidieron revelarnoslos?

Los teóricos de los antiguos astronautas dicen que sí. Creen que la Máquina Maná no es un caso aislado, sino uno de los muchos ejemplos de tecnología alienígena antigua que influyó en nuestra historia y cultura. También creen que estos extraterrestres todavía nos observan y esperan que alcancemos un cierto nivel de conciencia y madurez antes de volver a establecer contacto.

¿Cuál es su agenda? ¿Qué quieren de nosotros? ¿Y cuándo volverán?

Las respuestas pueden estar en la Máquina de Maná, una antigua tecnología alienígena que salvó a los israelitas del hambre y la muerte. Una tecnología que puede tener la clave de nuestro origen y destino.

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