Narraciones de escritos sumerios narrados miles de años anteriormente que aparezcan en la Biblia

A medida que profundizamos en la exploración de los albores de la civilización, emergen numerosos textos, relatos y leyendas de comunidades primitivas que revelan el profundo impacto de las culturas antiguas. Estos descubrimientos nos ofrecen fascinantes coincidencias entre los escritos milenarios y ciertos relatos de la Biblia.

La civilización sumeria, una de las más antiguas documentadas, se asentó en el territorio al sur de Mesopotamia desde aproximadamente el 5000/4500 hasta el 1750 a.C. Este dominio territorial, conocido como Sumer o Sinar, fue cuna de incontables innovaciones que hoy forman parte de nuestra cotidianidad. Explorar su legado literario nos brinda valiosas lecciones sobre su contribución al desarrollo humano.

Quiénes fueron los sumerios

Antes de la era sumeria, el sur de Mesopotamia estuvo habitado por un grupo étnico de procedencia misteriosa, al que los estudiosos de la antigüedad han llamado cultura Ubaid. Se les considera pioneros de la civilización, una afirmación respaldada por los utensilios y objetos cerámicos que dejaron tras de sí.

Aunque los Ubaid perfeccionaron ciertas habilidades, fueron los sumerios quienes realmente dieron forma a numerosos elementos que conforman nuestra vida actual. Desde el primer cronista de la historia hasta el primer calendario, pasando por los iniciales aforismos, las primeras narraciones con animales, la primera oda romántica, el primer estanque para peces… todos estos avances tuvieron su origen en la región sumeria.

De igual manera, las nociones elementales del tiempo, un sistema de numeración, la geometría y los primeros transportes sobre ruedas, todos vieron su nacimiento en Sumeria. Incluso aspectos fundamentales de nuestro día a día, como la domesticación de especies, los progresos en medicina, la odontología y el desarrollo urbano, son legado de los habitantes de la tierra de Sinar.

Aparecen en el registro histórico

Parece ser que el descubrimiento de los sumerios en la historia fue casi fortuito. Hace cerca de un siglo, un grupo de arqueólogos y eruditos comenzaron excavaciones en Mesopotamia buscando vínculos con las narrativas de la Biblia. Muchos investigadores se empeñaron en validar la existencia real de las ciudades y civilizaciones mencionadas en las sagradas escrituras.

Por ejemplo, ciudades bíblicas frecuentemente mencionadas como Babilonia y Nínive se convirtieron en objeto de estudio. Conforme avanzaba el trabajo de campo arqueológico, se acumulaban pruebas de la existencia de estas y otras culturas. Asimismo, se buscaba comprobar la veracidad de episodios bíblicos como el Gran Diluvio y la construcción de la Torre de Babel.

La tierra de Sinar en la Biblia

En las escrituras sagradas, los sumerios son mencionados una única vez, específicamente en Génesis 10:10, bajo el nombre de ‘la tierra de Sinar’. Fue gracias al asiriólogo Jules Oppert (1825-1905) que se estableció la conexión entre el Sinar de las escrituras y la Sumeria histórica, un hallazgo que representó un punto de inflexión en la historia contemporánea.

Antes de este descubrimiento, la existencia de Sumeria no era conocida, aunque ya existían indicios de una civilización no identificada. Al cotejar estos datos con la Biblia y otros documentos históricos, se logró identificar a los sumerios como una entidad nacional, encajando así una pieza clave en el vasto puzle de la historia antigua.

Semejanzas entre la literatura sumeria y el registro bíblico

Fue en ese punto donde emergieron documentos sumerios de gran antigüedad, superando en años a los textos del Antiguo Testamento, hasta ahora vistos como el conjunto de relatos más antiguos. Estos documentos muestran evidentes paralelismos entre sus historias y la secuencia de eventos descritos. Analicemos algunos ejemplos.

La creación

El relato de la creación que se encuentra en los capítulos iniciales del Génesis tiene un asombroso parecido con la narrativa presente en la epopeya sumeria del Enuma Elish, que precede al texto bíblico por unos 2.000 años.

Descubierto entre las ruinas de la antigua ciudad de Nínive, el Enuma Elish describe cómo la divinidad Marduk orquesta la formación del universo en fases sucesivas: comienza con la creación de la luz; luego establece el firmamento —una bóveda sobre la tierra, similar a la descrita en la Biblia—; seguidamente da forma a la tierra firme y a los cuerpos celestes, y finalmente da vida a la humanidad. Al finalizar esta magna obra… tomó un merecido reposo.

La creación del hombre

En la narrativa del Génesis, se describe cómo Jehová esculpe al varón a partir del polvo terrenal y, de una de sus costillas, da vida a una mujer. Esta historia tiene un paralelo notable con los mitos de creación sumerios, plasmados en el poema Enuma Elish, donde la diosa Nintu forma al primer ser humano con arcilla enriquecida con la esencia vital del dios We, infundiéndole vida con su aliento.

Incluso más sorprendente es la génesis del mito de la costilla en la creación de la mujer. Este concepto tiene sus raíces en un relato sumerio en el que la diosa-madre Ninhursag alivia varios males del dios Enki, incluyendo un dolor específico en la costilla, mediante la creación de la diosa Nin-ti, cuyo nombre significa ‘la dama de la costilla’, para sanar esa dolencia.

Adán, Eva y el Jardín del Edén

Sello sumerio «Cilindro de la Tentación» e imagen ilustrativa de Adán y Eva.

El poema Eneba-Am, descubierto en antiguas tablillas sumerias, narra la existencia de un jardín primigenio y un árbol conocido por discernir lo correcto de lo incorrecto, al que la tradición bíblica se refiere como el árbol prohibido.

Podemos hallar evidencia de esta narrativa en el British Museum de Londres, donde se exhibe «El Cilindro de la Tentación», un artefacto grabado en piedra que data del año 2.200 o 2.400 a.C. Este muestra la representación de un varón y una mujer, separados por un árbol central, que evoca el árbol de la vida.

Arca de Noé y el Diluvio universal

Una de las comparaciones más claras se encuentra entre la historia del arca de Noé, tal como se relata en el Génesis, y la Epopeya de Gilgamesh, que relata la aventura del arca de Utnapishtim. En ambos relatos, un mandato celestial decide enviar un diluvio devastador sobre la Tierra para erradicar la maldad humana. Como resultado de la gran inundación, todos perecen excepto el héroe central de cada historia y su familia.

 

Utanapishtim, quien salvó a la sociedad de un vasto diluvio. Public Domain

Algunos expertos en historia sugieren que las similitudes entre las dos narrativas se deben a que los hebreos pudieron haberse inspirado en el relato sumerio del diluvio para integrarlo en su propia cosmovisión. Otros, por otro lado, consideran que tanto los sumerios como los hebreos podrían estar refiriéndose a un mismo evento trascendental, aunque lo documentaron en tiempos y con estilos diferentes.

La torre de Babel

Torre de Babel. Pintura de Lucas van Valckenborch. Public domain.

Las inscripciones en las tablillas de Sumeria hacen eco de la confusión de idiomas mencionada en la Biblia (Génesis 11:1-9). Según los relatos sumerios, existió un tiempo en que la humanidad compartía un único idioma. Este idioma fue alterado por el dios Enki, maestro del conocimiento. De manera similar, los relatos babilónicos describen cómo los dioses destruyeron una torre y mezclaron las lenguas de la humanidad.

Es indiscutible que el redescubrimiento de los sumerios ha transformado profundamente nuestra comprensión, no solo de los textos sagrados, sino también de las prácticas sociales y culturales. Dado que esta civilización precedió a la redacción de la Biblia y sus historias datan de milenios antes, surge la pregunta: ¿Cuál es la razón del interés sostenido a lo largo de los siglos por reinterpretar y adaptar estos relatos históricos?

Autor MundoOculto.es