La búsqueda de una nueva Tierra: perspectivas científicas sobre la atmósfera de Venus iluminada por el Sol

En los últimos treinta años, los astrónomos han identificado más de 5.500 exoplanetas que orbitan alrededor de estrellas similares a nuestro Sol. Sin embargo, desde el principio, tanto la comunidad científica como el público en general han mostrado un especial interés en localizar planetas similares a la Tierra, con la esperanza de descubrir vida en otras partes del universo.
Si bien los planetas rocosos del sistema solar se conocen desde hace algún tiempo, el estudio de sus atmósferas, clave para la búsqueda de vida, sigue siendo un desafío importante. La investigación de las atmósferas planetarias tiene una larga historia.
Hasta la fecha, los científicos han examinado las atmósferas expansivas e infladas de los gigantes gaseosos que rodean a estrellas distantes. En estos casos, los astrónomos observan un planeta en tránsito alrededor de su estrella, analizan la luz de la estrella a medida que se filtra a través de la densa capa atmosférica del planeta y la comparan con la luz de la estrella cuando el planeta no está en tránsito.
La disparidad entre estas dos mediciones revela claramente la composición química de la atmósfera del planeta en tránsito. Si bien este análisis es factible para los gigantes gaseosos, se vuelve significativamente más difícil cuando se aplica a planetas rocosos como la Tierra.

La cuestión central radica en los destinos contrastantes de la Tierra y su gemelo, Venus. Ambos planetas son casi idénticos en tamaño y se encuentran dentro de la zona habitable del Sol, envueltos por atmósferas densas. Sin embargo, la vida florece en la Tierra, mientras que Venus permanece estéril, probablemente sin haber albergado vida alguna.
Decepción en la búsqueda de una Nueva Tierra: desafíos imprevistos
La presión atmosférica en Venus es cien veces superior a la de la superficie terrestre, las temperaturas se mantienen por encima de los 420 grados Celsius y los cielos están inundados de lluvia de ácido sulfúrico. En consecuencia, estos planetas gemelos presentan perspectivas muy divergentes para el surgimiento de la vida.

Surge una pregunta importante: ¿Pueden los científicos que buscan una segunda Tierra en sistemas planetarios distantes diferenciar entre planetas rocosos como la Tierra y planetas similares a Venus?
Para averiguarlo, un equipo de investigadores del Instituto de Astrofísica (IA) decidió explorar qué información sobre la atmósfera de Venus podría obtenerse si el planeta no estuviera a 40 millones de kilómetros de distancia, sino situado en otro sistema, a varios años luz de distancia.
Un aspecto clave es la capacidad de diferenciar entre atmósferas compuestas principalmente de nitrógeno y aquellas formadas predominantemente por dióxido de carbono, como la de Venus. Los científicos utilizaron datos del 5 y 6 de junio de 2012, durante el tránsito de Venus a través del disco solar, lo que les permitió observar el paso del planeta con su estrella (y la nuestra) como telón de fondo.
Las observaciones permitieron determinar el impacto que tiene la atmósfera de Venus sobre la radiación solar. Los astrónomos han deducido que con la llegada de observatorios de última generación como el Extremely Large Telescope (ELT) y el Ariel Space Telescope, será posible observar y determinar la composición atmosférica de exoplanetas del tamaño de la Tierra.

Sin embargo, parece que estos métodos pueden no ser suficientes para diferenciar con precisión entre planetas similares a Venus y a la Tierra, lo que podría dar lugar a errores importantes. De hecho, un planeta descubierto en un sistema distante, percibido inicialmente como una segunda Tierra, podría en realidad ser similar a una segunda Venus.
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