El algoritmo de la felicidad programada
El algoritmo de la felicidad programada
Diciembre:
Compra, ríe, brinda, anestésiate.
Enero:
Despierta, paga, culpa, ajusta.
Y así, cada año. Como un reloj suizo.
Como un experimento social que ya no necesita científicos, porque funciona solo.
¿No lo ves?
Te programan con luces, jingles y descuentos.
Te hipnotizan con frases como “hazlo por los tuyos” o “te lo mereces”.
Y tú, obediente, sacas la tarjeta como si fuera un acto de amor.
Pero no es amor. Es deuda. Es obediencia emocional.
Luego llega enero.
Y el mismo sistema que te empujó al abismo te ofrece la cuerda:
“Haz un presupuesto.”
“Empieza el gimnasio.”
“Sé mejor versión de ti.”
Traducción: Arregla el desastre que te ayudamos a crear.
La “cuesta de enero” no es una consecuencia.
Es el castigo ritual.
El precio por haber creído, otra vez, en la ilusión de abundancia.
Un recordatorio de que la felicidad, en este sistema, es un préstamo con intereses.
Pero no te preocupes.
En once meses volverán a encender las luces.
Volverán los anuncios con niños perfectos y mesas rebosantes.
Volverá la voz suave que te susurra:
“Este año sí. Este año te lo mereces.”
Y tú, como buen ciudadano del algoritmo, volverás a caer.
Porque no es solo consumo.
Es obediencia.
Es fe en un ciclo que no cuestionas porque viene envuelto en papel brillante.
Tal vez el verdadero milagro de diciembre…
es que aún haya quien crea que es casualidad.

