La Mussara, una puerta a otros mundos
La Mussara se encuentra a 990 metros de altura, en el Baix Camp, Tarragona. Fue abandonado en el año 1956, y actualmente solo quedan las ruinas de unas pocas casas y de su iglesia, que data del siglo 18. Su leyenda negra se ha forjado a través de los años, debido a las varias personas desaparecidas en el lugar. Entre ellos, Enrique Martínez Ortiz, un tarraconense de 37 años que salió una mañana con sus amigos a recoger setas y del que no se volvió a saber absolutamente nada. Se habla de que en algún rincón de La Mussara hay una gran piedra que, quien pasa a su lado, se ve trasportado a la Vila del sis (la Villa del Seis), un pueblo que existiría en una realidad paralela. ![]()

“Desapariciones, visiones de seres que no parecen de este mundo y extrañas figuras amorfas flotantes forman parte del misterio que rodea la montaña de la Mussara, en Tarragona. En su cumbre, una aldea abandonada es el único testigo de lo que podría ser una puerta hacia otra realidad.”

Aunque no se conociesen los misteriosos hechos que han tenido lugar en la cumbre de la montaña de la Mussara, el ambiente que rodea esa aldea abandonada ya sería sobrecogedor. A poco más de mil metros de altitud las nieblas son frecuentes, y refuerzan el aire enigmático que rodea las escasas construcciones que se tienen en pie, la mayoría semi-derruídas por el paso del tiempo y el abandono en que cayó el pueblo desde que en los años cincuenta quedó completamente deshabitado. Pero esa sensación de misterio y decrepitud de la zona no es más que el aspecto superficial de los enigmas que rodean la zona.

En la comarca, el Baix Camp (Tarragona), y también más allá, todo el mundo sabe que en la Mussara pasan cosas muy extrañas. Hechos misteriosos que alejan de ella a muchos que no desean estar demasiado tiempo en sus cercanías, en especial al anochecer, y que en cambio atraen hacia su cumbre a los que pretenden encontrar un camino de comunicación con otra realidad, con el más allá, o tal vez con el mismísimo infierno.
- Misteriosas desapariciones:
En la también abandonada Iglesia de San Isidro, lo mismo que en las otras edificaciones que todavía aguantan a duras penas, es frecuente encontrar restos de alguna ceremonia pretendidamente mágica, velas de diversos colores, restos de algún preparado con pretensiones mágicas, así como pintadas con símbolos esotéricos de lo más variado. Lo mismo ocurre en la pequeña construcción que culmina el conjunto, al lado mismo de un precipicio. Pero más allá de la simple parafernalia estética se encuentra el misterio en estado puro.

Desaparecer en la Mussara no es muy difícil. Entre los habitantes de los pueblos próximos, y entre quienes se han interesado por los misterios que la rodean, se cuentan infinidad de casos inexplicables. Como el enigmático desvanecimiento en 1995 de un ingeniero alemán que trabajaba en la región y que se encontraba paseando por los caminos que rodean la zona. Dejó nuestro mundo por espacio de tres horas.


El miércoles 16 de octubre, Enrique Martínez Ortiz se disponía a pasar una agradable jornada en compañía de tres amigos recogiendo setas. Como habían hecho en anteriores ocasiones escogieronla Mussara, un lugar que conocían bien. Pero esa vez hubo una diferencia. Desapareció de forma misteriosa y nunca se le volvió a ver.
“Fue como si la tierra se lo hubiese tragado”, aseguró en su día uno de sus amigos, Santiago Clarés. “Cuando nos dimos cuenta de que no estaba donde lo habíamos dejado le llamamos, pero sin respuesta. Comenzamos a buscar por la zona, pero no encontramos ninguna pista sobre lo que le había pasado, sólo hallamos su cesta, con una única seta”.
“Después de buscar por todos lados llamamos a la Guardia Civil e hicimos muchas batidas, que se prolongaron varios días. Incluso intervinieron los Zapadores de Montaña del Ejército, pero sin ningún resultado positivo”…

Las continuas batidas, en las que participaron más de doscientos soldados de la cercana base de Los Castillejos, así como perros adiestrados en la búsqueda de personas, no obtuvieron ninguna recompensa.
¿Qué le ocurrió a Enrique?. Esa pregunta no ha dejado de martillear en la mente a su familia y amigos. ¿Se cayó en alguna fosa?. Cuesta pensar que ese fuese el problema, sobre todo teniendo en cuenta que conocía bien el terreno, y que las batidas realizadas no encontraron ningún indicio. ¿Desapareció voluntariamente?. Su familia niega tajantemente esa posibilidad. “Nunca, ni de pequeño, se había ausentado más de un día sin decir dónde iba”, dice su hermana Angustias. Además, dejó abandonado su coche, con su documentación, el tabaco y hasta una medicina que debía tomar varias veces al día. Por otro lado, tenía una dolencia en las piernas que le impedía andar varias horas seguidas.

Los amigos de Enrique siguieron buscando por su cuenta varios meses después, intentando encontrar una pista que arrojase algo de luz. En una de esas batidas ocurrió otro de los inexplicables sucesos que de tanto en tanto ocurre en la Mussara. Fue a finales de enero de 1992 y según cuenta Jorge Roberto Boluda, “nos encontrábamos descansando en una casa abandonada, poco después de la medianoche cuando escuché el ruido de cascos de caballo que parecían proceder de la cercana y también abandonada Iglesia de San Isidro de la Mussara”. Alertado por ese extraño sonido, caballos por la noche en ese paraje aislado, el testigo se acercó a la entrada del antiguo edificio religioso donde pudo ver algo que le dejó poco menos que de piedra.
“Ante mi aparecieron unas figuras ataviadas con lo que parecían unos hábitos con capuchas, lo que les daba una apariencia similar a monjes, pero tenían un aspecto semitransparente. Al principio sólo vi dos, pero dentro de la iglesia habría cuatro o cinco más. Algunos pasaron a menos de diez metros de mí. Les hablé pero me ignoraron por completo. Pude ver perfectamente cómo se dirigían al interior donde movieron unas piedras. Al cabo de unos momentos los dejé de ver repentinamente”. Boluda asegura que nunca olvidará esa extraña observación, que en total duró unos cuatro minutos.

- Entidades inmateriales …

No deja de ser curioso que incluso las leyendas y el folclore local hayan recogido la ancestral creencia de que allí hay algo que se escapa de lo corriente, algo que puede convertirla en un portal de entrada, y también de salida, hacia otro mundo, hacia un lugar que ha sido bautizado como la «Vila del Sis»(Villa del Seis).
