Pensar Duele… Pero Libera

Siempre me miraron raro. Me llamaron loco, exagerado, paranoico. ¿Por qué? Porque no me conformé con tragarme el cuento que nos repiten desde que nacemos. Porque cuestioné. Porque investigué. Porque encendí una luz en un cuarto donde todos estaban cómodos en la oscuridad.

Entendí que los librepensadores como yo siempre parecen perturbadores para quienes no se toman ni cinco minutos para dudar de lo que se les dice. ¿Cómo no iba a parecer extraño, si me atreví a decir que las cosas no son como nos las cuentan? Que los medios, el sistema, incluso las instituciones que juramos respetar… nos moldean el pensamiento desde las sombras.

Pero ¿sabes qué? Ya no me disculpo. No me avergüenzo de haber salido de la burbuja. De haber roto los moldes. De haber evolucionado más allá de sus zonas de confort, esas jaulas doradas que llaman «normalidad».

Que me llamen raro. Que se rían. Que me ignoren.
Yo sigo despertando, aunque duela.
Porque prefiero ser el loco que ve, que el cuerdo que obedece ciego.