Antiguos egipcios en América: la ancestral y “prohibida” conexión

Hallazgos arqueológicos variados, aunque a menudo cuestionados por los académicos, sugieren que en tiempos ancestrales, el continente americano fue escenario de visitas de distintas culturas, mucho antes de que el marinero español Cristóbal Colón desembarcara en estas costas con sus emblemáticas naves.

Se cree que entre estos visitantes estaban los egipcios, cuyos rastros se ven reflejados en las civilizaciones antiguas de Perú y México, donde los patrones arquitectónicos, religiosos y lingüísticos muestran una sorprendente similitud con la nación de las pirámides.

Sin embargo, tales paralelismos no han logrado convencer a los investigadores, quienes se muestran escépticos ante la posibilidad de un contacto transoceánico. Tampoco se puede ignorar los descubrimientos extraordinarios en gran parte del continente americano, que podrían respaldar esta hipótesis aún controvertida.

Les extiendo la invitación a los lectores a explorar algunas narrativas vinculadas a este misterio, que sin duda les resultará fascinante.

El enigma de las estatuillas egipcias de Acajutla

Las estatuillas shawabti eran figuras que recordaban a las momias. Durante el Egipto predinástico, era común que los sirvientes fueran enterrados junto a sus señores. Con el tiempo, se adoptó la costumbre de sepultar a las personas con estas figurillas, conocidas como shawabti, desde la dinastía XII (aproximadamente entre 1938-1759 a.C.) hasta cerca del año 30 a.C. También se les llamaba ushabtis o shabtis. Se creía que en la vida después de la muerte, un shawabti se animaría al ser invocado para cumplir con las tareas del difunto.

En el año 1914, el arqueólogo M.A. González, mientras excavaba en las ruinas mayas de Acacajutla en Sonsonate, El Salvador, realizó un descubrimiento inusual: dos estatuillas al estilo egipcio que representaban a Isis y Osiris. Este hallazgo se produjo a tres metros bajo tierra, en un terreno perteneciente al arzobispo Belloso.

Estatuillas mortuorias egipcias encontradas en El Salvador durante 1914, y hoy en dia desaparecidas. Cortesía: scholarsarchive.byu.edu

Estos dispositivos, según indicó el erudito, serían artefactos mortuorios con aspecto similar al de las momias, dispuestos en las tumbas para asistir a los difuntos en su tránsito al otro mundo. La terminología histórica los denomina Sabty o Ushabtis, siervos post-mortem. Actualmente, se desconoce el paradero de estos artefactos, que en su momento se reconocieron como genuinos. Solo quedan algunas fotografías y menciones, preservadas por el historiador Mariano Cavernas en su obra, Historia de la Nación Mexicana, editada en 1940.

Cavernas, quien fue archivista y bibliotecario de la Compañía de Jesús, tuvo acceso desde allí a una vasta cantidad de documentos de gran importancia, y su extensa biblioteca hoy forma parte del impresionante acervo bibliográfico jesuita, conocido como Fondo Cavernas. En su relato de este hallazgo, Cavernas agregó que había encontrado relatos parecidos en sus viajes por Centroamérica, describiendo artefactos inusuales de origen egipcio que ocasionalmente acababan en colecciones privadas.

 

Barry Fell afamado lingüista de origen neozelandés, causó un autentico terremoto con sus traducciones de lenguas antiguas como la hecha sobre egipcios en Chile. Cortesía: equinox-project.com

Gruta de Tinguiririca. Cuando los egipcios reclamaron Chile

La caverna de Tinguiririca, situada en la cordillera de los Andes a 34°45′ de latitud sur, alberga una inscripción antigua que el Prof. Barry Fell interpretó como una reivindicación de dominio egipcio. Este tema generó un breve comentario en el periódico “La Nueva Provincia” el 20 de marzo de 1975 y fue tema principal en las ediciones 131 y 132 de “La semana científica y tecnológica”, publicadas por la Comisión Nacional chilena de Investigación Científica y Tecnológica el 13 y 20 de marzo de 1975. La resistencia al cambio es notable entre algunos investigadores veteranos, y es característico el rol conservador de las instituciones académicas globales, que ven como parte de su misión la protección de los conocimientos científicos establecidos frente a las propuestas innovadoras de los jóvenes disidentes.

En 1975, un inusual aviso conmocionó a los medios de comunicación internacionales al revelar un descubrimiento sorprendente que señalaba una presencia egipcia ancestral en Chile. Sin embargo, el hallazgo se remonta a 1888. De acuerdo con el renombrado investigador chileno Oscar Fonck Sieveking, un ingeniero alemán llamado Karl Stolp, en busca de minas en la región andina del valle de Tinguiririca, fue sorprendido por una tormenta de nieve que lo forzó a buscar refugio en una cueva. No obstante, es importante mencionar que la cueva, conocida por Stolp como Casa Pintada, ya había sido documentada en 1861 por el naturalista polaco-chileno Ignacio Domeyko.

Harold Wilkins fue un reportero norteamericano cuyas crónicas sobre la antigua Sudamérica lograron gran popularidad. Cortesía: todocoleccion.net

En efecto, Stolp se topó con una inscripción inusual en aquel lugar, y al no poder interpretarla, optó por divulgarla en una publicación periódica de la Sociedad Científica Alemana en Santiago. Pasaron décadas hasta que, en 1974, este intrigante dato llegó a manos del epigrafista estadounidense y eminente zoólogo Barry Fell, quien en aquel entonces era decano de la Universidad de Harvard. Su asombro fue considerable al descifrar los pictogramas de Tinguiririca, donde detectó la coexistencia de tres idiomas: libio, egipcio y bereber. Aparentemente, el grabado constituía un documento de reclamación territorial, proclamando a Chile como parte del imperio egipcio, una expedición liderada por el capitán Rata y su navegante Mawi, en el año 232 a.C.

La cultura maya es considerada heredera de los egipcios, a causa de sus asombrosas semejanzas culturales. Cortesía: laplacamadre / wordpress

Esta es la interpretación de Barry Fell:

“Confín meridional alcanzado por Mawi. Esta región representa el confín meridional del terreno montañoso que el líder proclama, mediante una declaración escrita en este suelo victorioso. Hasta este confín meridional arribó la escuadra naval. El marino proclama esta tierra en nombre del Soberano de Egipto, su Reina y su distinguido Hijo, abarcando un trayecto de 4000 millas abrupto, imponente y elevado. Agosto, día 5 del año 16 del reinado del Soberano”.

De acuerdo con los historiadores, el faraón que gobernaba en ese tiempo, en el siglo III a.C., era Tolomeo III Evergetes, casado con la reina Berenice II de Libia, progenitores de Tolomeo IV Philopator. Estos viajeros egipcios, liderados por Mawi y Rata, habrían realizado previamente una parada en Nueva Guinea. La divulgación de estas afirmaciones históricas causó considerable malestar entre los académicos chilenos, quienes expresaron su descontento a sus colegas estadounidenses por la falta de evidencia. Algunos incluso argumentaron que podría tratarse de un texto araucano antiguo. No mucho después, el asunto de Tinguiririca se sumió en el olvido, y ya no se volvió a debatir el tema.

Pre – Egipcios en Brasil, y la conexión al revés

Descubrimientos recientes en Centroamérica y Sudamérica han arrojado luz sobre la hipótesis de que la civilización egipcia podría tener raíces atlánticas y que en América se podrían rastrear los vestigios de los ancestros pre-egipcios.

El tesoro de la gruta de Illinois y una controversia que no cesa ¿Viajeros egipcios se establecieron en Norteamérica? Cortesía: dmisterio.com

Alexander Pavlovich Braghine (1878-1942), coronel ruso apasionado por la búsqueda de vestigios atlantes alrededor del mundo, dedicó su vida a esta causa en dos importantes trabajos. Originario de Moscú, Braghine lideró el servicio de contraespionaje del zar durante la Primera Guerra Mundial y luchó contra las fuerzas rojas. Después de la revolución rusa, se exilió primero en Inglaterra y luego en Brasil, donde adoptó una nueva ciudadanía. Entre sus publicaciones, destaca “El misterio de la Atlántida” (1940), lanzada dos años antes de su muerte, en la que aborda, en uno de sus capítulos, la conexión entre Egipto y América. Contrariando a otros escritores, Braghine sugiere que los egipcios podrían originarse de América, planteando un debate inusual para su época. Aunque su hipótesis puede resultar polémica, es digna de mención. Braghine menciona la existencia de pre-egipcios en distintas áreas de Sudamérica, pero pongamos especial atención en las junglas de Brasil.

Una de las hermosas piezas de la Colección Crespi de factura egipcia.

Un individuo llamado Señor Frot me envió una carta sumamente interesante, de la cual presento un extracto breve a continuación: «En sus grabados en Sudamérica, los fenicios emplearon técnicas similares a las que usaron los antiguos egipcios durante el periodo inicial en el cercano continente europeo.

Estatuilla mortuoria que fue localizada en Illinois a mitad del siglo anterior.

Los antecesores de los egipcios iniciaron su travesía hacia el este hasta alcanzar la longitud de 57º 42’45” oeste de Greenwich, un evento mencionado en un antiguo manuscrito tolteca que poseo, el cual no solo relata este hecho sino que también incluye un breve relato sobre los pre-egipcios. Adicionalmente, he descubierto en la Amazonía una inscripción que narra la odisea de un sacerdote pre-egipcio hacia lo que hoy conocemos como Bolivia. Las palabras finales de esta intrigante misiva del Sr. Frot parecen referirse a un descubrimiento en la cuenca del río Madeira, una inscripción que generó considerable polémica en su momento en la prensa de Brasil. Tras descifrar su mensaje, se concluyó que, en una era distante, un conjunto de pre-egipcios se asentó en las minas de plata de Bolivia.

En mi búsqueda de más información sobre el misterioso Frot, me topé con detalles proporcionados por el escritor estadounidense Harold Wilkins en su fascinante obra “Enigmas de la Antigua América del Sur”, publicada en 1945, que ofrece algunas pistas. Revela que su nombre completo es Apollinaire Frot, nacido en Francia, y que era tanto un buscador de minas de oro como un erudito en lenguas antiguas. Durante sus exploraciones, Frot encontró antiguas inscripciones rupestres en el Amazonas y Mato Grosso, muchas de las cuales se hallaban en viejas minas.

La llamada roca camello de Illinois, todo un enigma. Cortesía: the budget savvy travelers.com

Wilkins relató uno de los hallazgos de Frot de la siguiente manera:

“Frot había explorado las selvas vírgenes de Brasil desde su juventud. En la provincia del Amazonas, descubrió una roca antigua tallada, escondida en una espesa selva cerca de un río, que documentaba el periplo de un sacerdote de la era pre-egipcia hacia lo que hoy es Bolivia. La inscripción antigua mencionaba minas de plata proto-egipcias, ubicadas en la actual cuenca del río Madeira (al sur de las cataratas del mismo nombre). Estos mapas tallados en piedra podrían ser los más antiguos conocidos. Uno de ellos reza: ‘Observad detenidamente una montaña alta coronada por seis palmeras. Cerca de la base de esta montaña, hallaréis otra roca tallada que os guiará en el trayecto hacia las minas de oro que hemos excavado’”.

Un de los denominados cartuchos egipcios perteneciente a la Colección Crespi. the budget savvy travelers.com

Wilkins también señaló que Frot consideraba que los precursores de los egipcios habían construido un vasto imperio en Sudamérica, extendiéndose desde Bolivia hasta Brasil. Después de esta odisea amazónica, de la cual hay escasa información, se informó en 1944 la muerte de Apollinaire Frot.

El suceso de las antigüedades egipcias de Illinois

“Parece que a mitad del siglo XIX hubo una hambruna en el norte de Illinois. Por suerte, hubo una cosecha abundante en el sur. Por lo tanto, las personas del norte manifestó que se sentían como los hijos de Jacob que en tiempos de hambruna se observaron obligados a descender a Egipto para rastrear comida para sus familias, y la zona de Carbondale que les salvó la vida se conoce hasta el día de hoy como Pequeño Egipto”. Quora. Calle Burt Collins Street. ¿Por qué el sur de Illinois se denomina Pequeño Egipto?, 2018.

A mediados del siglo XIX, se produjo una grave escasez de alimentos en el norte de Illinois, mientras que, afortunadamente, el sur disfrutó de una cosecha copiosa. Así, los habitantes del norte se compararon con los hijos de Jacob, quienes durante una época de hambruna tuvieron que descender a Egipto en busca de sustento para sus seres queridos, y hasta hoy, la región de Carbondale, que fue su salvación, es conocida como el Pequeño Egipto.

Illinois ha sido el foco de un intenso debate debido a una serie de hallazgos que parecen cuestionar la historia establecida de Norteamérica. La controversia se centra en la teoría difusionista, que sugiere antiguos contactos transoceánicos en la América precolombina, una idea que muchos historiadores rechazan por considerarla alejada de la ortodoxia académica. Sin embargo, el dilema es aún más complejo y suscita debates acalorados.

Entre los descubrimientos más provocativos está el realizado por Russel Burrows en 1982. Tras una década de silencio sobre su hallazgo, Burrows declaró que en una cueva del sur de Illinois encontró un tesoro de proporciones asombrosas, compuesto por más de 7.000 objetos. Según Burrows, se trataba de un tesoro perdido relacionado con el antiguo monarca egipcio Juba II. Aunque algunas pruebas apoyaban las afirmaciones de Burrows y figuras académicas de renombre como Joseph P. Mahan, arqueólogo y antropólogo, fundador del Instituto para el Estudio de las Sociedades Americanas, respaldaron su divulgación, la comunidad científica rechazó el descubrimiento, calificándolo de fraude. Un desilusionado Burrows confesó más tarde que, debido a la indiferencia y los ataques sufridos, decidió sellar la entrada de la cueva para proteger el legado, un acto que recuerda a János Móricz y su experiencia con Tayos. Este tema será explorado más adelante con mayor detalle.

El hallazgo de Russell Burrows en una gruta de Illinois. donde se localizara evidencia egipcia. Cortesía: oom2.com

 

Un hallazgo igualmente perturbador tuvo lugar en Libertyville, al noroeste de Illinois, una zona conocida por su comunidad agrícola, se presume que a mediados del siglo XX. Se descubrió una estatua funeraria antigua similar a la mencionada previamente en El Salvador, denominada ushabti. Esta exquisita obra actualmente es parte de una colección privada.

Colección Crespi y un misterio faraónico

“Hace decenios la mente del Padre Crespi empezó a cambiar y él arribó a estar fascinado con el plan que las culturas ecuatorianas antiguas habían saltado de Egipto. El creyó que uno de los Faraones había dejado Egipto y navegado a lo largo del Océano Atlántico a la boca del Amazonas. Por lo tanto él navegó ese gran río, cruzó la gama oriental andina oriental y se estableció con un tribunal en la parte meridional de lo que hoy como Ecuador”. Pino Turolla. Más Allá de los Andes, 1980.

Hace varias décadas, el Padre Crespi comenzó a obsesionarse con la idea de que las antiguas culturas de Ecuador tenían raíces en Egipto. Creía que un faraón había abandonado Egipto y navegado a través del Atlántico hasta la desembocadura del Amazonas. Luego, remontó este imponente río, atravesó la cordillera de los Andes y fundó una corte en el sur de lo que hoy conocemos como Ecuador.

He mencionado en numerosas ocasiones la enigmática Colección Crespi, que durante la vida de su custodio, Carlos Crespi Crocce, estuvo resguardada en varias estancias de la iglesia salesiana de María Auxiliadora en Cuenca, Ecuador. Actualmente, muchos de esos objetos se encuentran en posesión del Banco Central.

Sin embargo, las piezas más extraordinarias que alguna vez formaron parte de esa singular colección ahora están en colecciones privadas. Como he relatado en mis escritos, Crespi fue desde joven un entusiasta de la historia antigua y la arqueología. De hecho, el museo que estableció en Cuenca se inspiró en el Museo Egipcio de Turín. Crespi estaba convencido de que la globalización era un fenómeno de la antigüedad y consideraba plausible la existencia de conexiones intercontinentales facilitadas por corrientes marítimas.

Estas eran sus convicciones. Cuando los indígenas de la selva ecuatoriana empezaron a traerle objetos de factura oriental, su teoría empezó a tomar forma. No tardaron en aparecer grabados egipcios. Pero había aún más. Según relatos de János Móricz, quien afirmaba tener conocimiento directo, existía una presencia egipcia ancestral en Ecuador. Móricz reveló que la momia de un faraón egipcio había sido arrojada a un río por la tribu jíbara, y que el tesoro asociado incluía oro y escritos, estos últimos cuidadosamente preservados. Incluso sugirió la existencia de una antigua metrópoli subterránea de origen egipcio en la región. Estas fueron sus asombrosas declaraciones.

Conclusión

Aunque estos eventos puedan considerarse como descubrimientos independientes, no cabe duda de que plantean una profunda incógnita sobre Egipto y sus posibles expediciones en la América antigua.

Autor MundoOculto.es