Baychimo, un buque con vida propia

¿Qué dirían si les cuentan que un buque navegó durante al menos 25 años sin tripulación?
Antes que digan que estan loco, les aclaro que se trata de un caso real. Paso a explicarles:
El Baychimo era un vapor de 1.300 toneladas que tenía base en Vancouver. Excelente buque, estaba revestido de acero, precisamente para encarar sin contratiempos la navegación por las zonas árticas.
El 1o. de octubre de 1931 quedó atrapado en el hielo, a la altura de Wainwright (Alaska), llevando un valioso cargamento de pieles en su bodega. Si las masas de hielo continuaban ejerciendo presión, el Baychimo corría el riesgo de ser destruído, por lo cual el capitán decidió hacer campamento en tierra y esperar el deshielo.
Se puede decir que el buque comenzó a tener «vida propia» el día 2 de noviembre de 1931, cuando una repentina tempestad causó la elevación de la temperatura y liberó al Baychimo de los hielos.
Por lo menos, eso es lo que se presume: la ventisca duró tres días, durante los cuales la tripulación que acampaba en tierra tuvo cero visibilidad. Y al cabo de esas 72 horas descubrieron que el Baychimo ya no estaba donde lo habían dejado.
Lo siguiente que se supo fue una información proveniente de un cazador esquimal, que afirmó haber visto la embarcación casi cincuenta millas al sur de su posición inicial.
En vista de ello, la tripulación se hizo presente en el lugar y, con ayuda de una cuadrilla esquimal, lograron recuperar gran parte de la carga. Pero al volver de uno de los viajes de descarga, se encontraron con que el Baychimo había desaparecido.
Cinco meses más tarde, fue visto nuevamente, esta vez en las proximidades de la isla Herschel.
Para el verano de 1932 fue abordado por un grupo de gambusinos, que informaron que el buque estaba en perfecto estado. Sin embargo, a los pocos días ya no se encontraba en la posición informada.
¿Por qué no abordarlo y llevarlo a puerto? Eso es lo que deben haber pensado los esquimales que lo vieron pasar frente a Point Barrow en 1933. Treinta personas acudieron en botes pequeños y lograron alcanzar al Baychimo. Pero al parecer el buque ya no quería ser gobernado por una tripulación humana: apenas pusieron pie en cubierta, una tremenda ventisca se desató y se mantuvo por espacio de diez días, impidiendo toda maniobra de control del barco.
Finalmente, los esquimales se rindieron: tras perder tres hombres por congelación, desembarcaron en un témpano y abandonaron el Baychimo a su suerte. Casi de inmediato, la ventisca cesó.
En 1934 fue abordado por la tripulación de la goleta «Trader», que se limitó a constatar que el barco estaba en buenas condiciones y luego lo dejó tal como estaba. Cuando un avión trató de localizarlo en la posición informada por la goleta, el Baychimo ya había «huído» de la zona.
De allí en más, sería visto año tras año por balleneros, esquimales y buques mercantes. El último abordaje documentado fue realizado en el año 1939, cuando otro buque se le acercó y su tripulación logró poner pie en cubierta.
Como no podía ser de otra manera, se desató una tempestad que cortó sus intenciones de remolcarlo a puerto. Volvieron entonces a su barco y se retiraron.
El tiempo pasó y los informes de avistamientos del Baychimo se multiplicaron. El último de ellos data de marzo de 1956, cuando fue localizado navegando con rumbo norte en el mar de Beaufort, con dirección tan firme que, el vigía que lo vio, pensó que estaba tripulado (hasta que constató con binoculares que nadie estaba a bordo).
Para esa fecha, llevaba casi veinticinco años navegando sin tripulación y eludiendo firmemente todo intento de ser llevado a puerto.