Los Archivos Perdidos de Lemuria – El Enigma de los Andes.

Los Archivos Perdidos de Lemuria – El Enigma de los Andes


 

A la derecha: Cerro Mururata, izquierda: Hayu Marka. Crédito: ceacbolivia / letuntvilagokenigmai (/blogspot)

“¿Acaso no sabes, joven amigo mío, que todo el suelo del continente americano alberga las sagradas y colosales reliquias de nuestra antigua dominación? Más majestuosas que las estelas de Ciro y Cambises, más altas que las pirámides de Keops, más elegantes que las columnas o pilares de Hércules (conjunto de piedras o ladrillos apilados), más indestructibles que los monumentos de Silsilis y Tebas, los hijos de Altor grabaron en las laderas verticales de los gigantescos Andes los registros de su gloriosa dominación, en inscripciones cuneiformes y jeroglíficos, en extraños alfabetos ideográficos, que sabios tan ilustres como Humboldt han observado con asombro, sin comprender su significado”.

El Secreto de los Andes – George Hunt Williamson

En 1960, bajo el seudónimo de Brother Philip, el espiritualista estadounidense George Hunt Williamson (1926-1986) publicó una obra fundamental en el ámbito esotérico andino, titulada El Secreto de los Andes. En este libro, Williamson, una figura poco conocida en Sudamérica salvo en ciertos círculos místicos, ofreció por primera vez detalles sobre una prehistoria olvidada del continente americano, mencionando la existencia de antiguas civilizaciones desaparecidas, entre ellas Lemuria, una de esas culturas perdidas.

Obra clave para entender, el misterio andino de Lemuria.

En su declaración, Williamson relató su visita al Monasterio de los Siete Rayos, un lugar oculto en las montañas peruanas cerca del Lago Titicaca, cuyo acceso está restringido al público. Allí, afirmó haber tenido la oportunidad de examinar archivos secretos, los cuales le fue permitido divulgar posteriormente.

El enigmático George Hunt Williamson, recorriendo Machu Pichu, Perú. Cortesía: thebiggeststudy

Escribió:

Lemuria era la última porción del vasto continente de Mu, que se encontraba en el Pacífico. La destrucción de Mu y su posterior hundimiento en el océano comenzaron hace 30,000 años antes de Cristo. Este proceso continuó durante miles de años hasta que la última parte de Mu, conocida como Lemuria, también se sumergió debido a una serie de desastres que culminaron entre 10,000 y 12,000 a.C. Esto ocurrió justo antes de la destrucción de Poseidonis, el último vestigio del continente atlántico, Atlantis. El Señor Aramu-Muru (también conocido como el Dios Mer) fue uno de los grandes sabios lemurianos y el Guardián de los Rollos durante los últimos días de la condenada Mu. Los Maestros de Lemuria eran conscientes de que la catástrofe final provocaría enormes marejadas y olas gigantescas que sumergirían la última parte de su tierra en las furiosas aguas y en el olvido. Aquellos que seguían la Senda de la Mano Siniestra continuaban con sus experimentos diabólicos, ignorando las advertencias, al igual que hoy en día, en la Tierra, millones de personas siguen “comiendo, bebiendo y divirtiéndose”, mientras los fieles del Padre Infinito perciben claramente los signos de los tiempos.

Un intrigante mapa mostrando a Lemuria -Mu, según interpretación de los místicos norteamericanos, Lemurian Fellowship.org, incluido en Into The Sun. Cortesía: anomalyarchives

Los Maestros y Santos que siguen la Senda de la Mano Diestra comenzaron a archivar las valiosas crónicas y documentos de las bibliotecas de Lemuria. Cada Maestro fue seleccionado por el Consejo de la Gran Jerarquía Blanca para viajar a diferentes partes del mundo, donde, de manera segura, pudiera establecer una Escuela de la Antigua y Arcana Sabiduría. Esto se hizo para preservar el conocimiento científico y espiritual del pasado. Al principio, durante muchos milenios, estas escuelas permanecerían en el misterio para los habitantes del mundo; sus enseñanzas y reuniones debían mantenerse en secreto. Por eso, incluso hoy en día, se les llama Escuelas de Misterio o Shan-Gri-Las de la Tierra.

El Señor Muru, uno de los maestros de Lemuria, fue designado por la Jerarquía para llevar los rollos sagrados que tenía en su posesión, junto con el enorme Disco Solar de Oro, a la región montañosa de un lago recién formado en lo que ahora es América del Sur. Allí, custodiaría y mantendría el foco de la llama iluminadora. El Disco Solar se guardaba en el gran Templo de la Luz Divina en Lemuria y no era solo un objeto ritual y de adoración, ni tampoco se utilizó únicamente con este propósito cuando fue empleado por los Sumos Sacerdotes del Sol entre los Incas del Perú. Aramu-Muru partió hacia la nueva tierra en uno de los plateados y estilizados navíos aéreos de aquella época.

Mientras las últimas partes del antiguo continente se desintegraban en el Océano Pacífico, terribles desastres ocurrían en todo el planeta. La Cordillera de los Andes emergió en esa época, deformando la costa occidental de América del Sur. La antigua ciudad de Tiahuanaco (Bolivia) era entonces un importante puerto marítimo y una ciudad colonial del Imperio Lemuriano, de gran esplendor e importancia para la Madre Patria. Durante los cataclismos posteriores, se elevó sobre el nivel del mar y quedó expuesta al clima polar de las altas mesetas, eternamente azotadas por el viento. Antes de que esto sucediera, no existía el Lago Titicaca, que ahora es el lago navegable más alto del mundo, a más de cuatro mil metros de altitud.

Así, el Señor Muru, tras su partida de la sumergida Lemuria, llegó al lago recién formado. Aquí, en el lugar que hoy conocemos como Lago Titicaca, se estableció el Monasterio de la Hermandad de los Siete Rayos, organizado y perpetuado por Aramu-Muru. Este Monasterio, que fue la sede de la Hermandad a lo largo de las eras de la Tierra, se encontraba en un vasto valle que se originó durante el nacimiento de los Andes, y era uno de esos raros lugares de la Naturaleza donde su ubicación y altitud exactas proporcionaban un clima suave y semitropical, permitiendo que frutas y nueces crecieran hasta alcanzar tamaños enormes. Aquí, en lo alto de las ruinas que alguna vez estuvieron al nivel del mar, como la Ciudad de Tiahuanaco, el Señor Muru ordenó la construcción del Monasterio con gigantescos bloques de piedra cortados mediante la energía de la fuerza lumínica primaria. Esta construcción ciclópea sigue siendo hoy en día un depósito de la ciencia, la cultura y el conocimiento arcano de los lemurianos.

Sin duda alguna El Secreto de los Andes es un texto esotérico de gran relevancia, y su decodificación llevaría mucho tiempo debido a la cantidad de temas abordados. Nuestra misión en este artículo, es profundizar sobre algunas pistas que hacen pensar, antiguos archivos de Lemuria fueron ocultados en Sudamérica, dentro de retiros secretos. Ahondemos.

Aramu Muru – La Hermandad de la Serpiente

Amaru Muru, y la tradición Inca. Cortesía: ecosia.org

Numerosos grupos ocultistas consideran a Aramu Muru como una figura clave en el misterio lemuriano. Para aquellos que interpretan los textos de manera literal, Aramu Muru puede no tener un gran valor sagrado. Sin embargo, para quienes seguimos el camino oculto, su nombre revela un misterio más profundo.

Nos referimos a dos caminos entrelazados, que atraviesan dos continentes. En la etnia sudamericana Aymara, Aramu significa serpiente, un término que en la cultura hindú se traduce como Nagas o Dragones. La serpiente también simboliza el conocimiento.

El Disco de Oro, obra de la artista paceña Aldair Indra. Cortesía: paginasiete.bo

Muru, por otro lado, es una corrupción de Meru, cuya verdadera traducción se encuentra en Asia, específicamente en la India, donde Meru es considerado el centro del universo o el ombligo del mundo. Prometo desarrollar estos conceptos en futuros artículos. Continuando con Aramu Muru, una tradición lo vincula con la dinastía inca de Manco Kapac, de la cual surgirían los futuros reyes serpentinos, la dinastía solar y los guardianes de la sabiduría de la serpiente. Aramu Muru también está relacionado con otro enigma esotérico, Santa Kumura, conocido como el señor del mundo y también como el anciano de los días, según un pasaje bíblico atribuido al profeta Daniel.

Además de George Hunt Williamson, reconocido como el primer autor en difundir la figura de Amaru Meru, otros estudiosos andinos relatan que Amaru Muru no fue el único enviado para ocultar registros lemurianos, sino que fue acompañado por «doce dioses serpentinos» en esta tarea, aunque su misión se extendió a otras partes del mundo. A estos grupos serpentinos también se les conoce como «anillos», que son líneas o clanes genéticos fundadores.

Según se cuenta:

Cada anillo que fue elegido, recibió instrucciones de llevar sus registros de sabiduría antigua a sus respectivas regiones, y ocultar los artículos en lugares específicos, en lo profundo de las montañas antiguas. ¡Hasta que llegara la hora del despertar!”.

Estos registros debían permanecer en soledad de clausura, hasta que se viera una señal de los cielos, una señal que sería inconfundible, y nacida de la Fuente, y se les dijo a los que permanecían fieles a los convenios, y enseñanzas originales, que la hermandad comenzaría. El proceso de despertar”.

América Despierta

Treinta años después de publicarse El Secreto de los Andes, una serie de extraños eventos de carácter espiritual, comienzan a sucederse por todo el continente americano. El primero de ellos tiene lugar en 1987, cuando se produce el famoso encuentro auspiciado por el místico mexicano, José Argüelles, (1930-2011), convocando a la Convergencia Armónica. Aquella meditación de carácter global, marcó un hito, así como sus reclamaciones de una nueva etapa histórica, que posibilitara el retorno a un pasado más justo.

José Argüelles, padre de la Convergencia Armónica de 1987, poco antes de su fallecimiento, recibiendo la medalla Roerich, 2010. Cortesía: magasmayas

Cinco años después en 1992, se da inicio al Pachacuti, profecía mítica anunciando el retorno del inca, significando el renacer andino, opacado tras la Conquista. Un hallazgo poco vinculado a estos eventos, y sin embargo de tanta importancia, se produce con el descubrimiento de la enigmática Puerta de Hayumarka, durante 1995, que fuera difundido a nivel mundial por Jorge Luis Delgado. Y me voy a detener aquí.

Este sitio que en 2010 tuve oportunidad de visitar, enclavado en la provincia de Puno, Perú, cercano al Lago Titicaca, y fronterizo con Bolivia, es a mí entender uno de los hallazgos más significativos de las últimas décadas, muy vinculado a nuestro enigma lemuriano. Y subrayo esto, porque es allí donde Aramu Muru, el enigmático sacerdote arribado de aquel continente desaparecido, ocultó según rumores, uno de los máximos legados de Lemuria, el famoso disco de oro.

Hayu Marka y Almaden Saleh: Los más enigmáticos portales antiguos de todo el mundoEs interesante saber que existe otra variante sobre la historia de Amaru Muru, donde se señala aquel iniciado no arribó de ningún continente, sino que fue un sacerdote del Templo Inca de los Siete Rayos, quién a la llegada de los españoles huyó con su reliquia sagrada (que se supone de Mu-Lemuria), atravesando aquel Portal Pétreo, para no volver (entrando en otro espacio tiempo), legando su disco de oro al cuidado de un chamán de la zona. Actualmente se conservaría custodiado por una orden secreta. Y esto último nos lleva a considerar la siguiente pista, en búsqueda de los archivos lemurianos.

Anton Ponce de León Paiva – Hermandad Solar de Lemuria (Intic Churincuna)

En 1995 mismo año que Hayumarka sale a la luz, un sabio peruano, Anton Ponce de León publica un trabajo hoy legendario, Y … el Anciano Habló. Allí se presentó por primera vez en sociedad, la existencia de una antigua hermandad secreta, Intic Churicana, que tendría vinculación con la antigua Lemuria.

Estas revelaciones causaron conmoción, despertando un sinfín de interrogantes ¿Una hermandad secreta de Lemuria funcionando hoy día?, pocos salían de su asombro. Sin embargo la historia quedó en suspenso, y poco se volvió a saber de aquella agrupación.

Uno de los libros más leídos de los noventa, que reveló la existencia de una hermadad lemuriana en el corazón de los Andes. (Disponible en Amazon)

El Mururata, y los Archivos Perdidos de Lemuria

En 2012 viajé a Bolivia. Además de contemplar por enésima vez la inmortal Tiahuanaco, que a decir de muchos, es también obra de gigantes ciclópeos asociados a Lemuria, tuve como guía en aquella oportunidad a Antonio Portugal Alvizuri. Aquel estudioso con quién llevaba tiempo de escribirme, y actualmente de gran fama, lanzó en 2007 un libro sorprendente, La Chincana del Tititaca. Los Túneles Secretos del Lago Sagrado, donde relató una historia que lo tuvo como protagonista.

Según Antonio, halló una antigua instalación subterránea perteneciente dijo a Tiahuanaco, ignorada por los arqueólogos, y que le fuera informada por los aldeanos, debido a su obra comprometida. Se le pidió mantener la ubicación en secreto, aunque aseguró algún día aquel legado sería conocido. En 2008 Antonio volvió asombrar cuando en Ciudades Secretas en Los Andes. Los Mensajes de los Seres de Luz, dedicó un capítulo a los archivos perdidos de Lemuria, que según Antonio se ocultarían en el sagrado Mururata.

Derecha: Ciudades Secretas en Los Andes. Los Mensajes de los Seres de Luz (Disponible en Amazon). Izquierda: La Chinkana del Titicaca. Los túneles secretos del Lago Sagrado (Disponible en Amazon). Ambos escritos por Antonio Portugal Alvizuri.

La Lemuria había logrado salvar sus conocimientos y le quedaba salvar a muchos de sus habitantes. De esa manera dedicaron sus esfuerzos desesperados para trasladar los ciudadanos de tan grandioso continente, junto a los guardianes astrales, a los sitios mencionados, para que sean los custodios de todas las riquezas, conocimientos y tecnología que estaban legando al futuro. Es por esta razón los guardianes astrales aún permanecen custodiando vigilando desde entonces tan espléndidos y secretos. El momento en que la humanidad los descubra podrá ver con admiración que allí también se encuentran los cuerpos inertes de los Grandes Maestros. Estos magníficos seres eran gigantes en relación a nuestras proporciones. Muchos de ellos tenían un solo ojo (cíclopes), y llegaban a medir más de tres metros de altura. Sus restos permanecen en la actualidad muy bien conservados, no sólo en el Mururata, sino en Tiwanaku y en las selvas del departamento del Beni, en Bolivia. Dijeron que lo hicieron en grandes naves espaciales y que utilizaban la levitación, que dominaban”.

Organismos poderosos buscan estos secretos

En la Tierra existen grupos e instituciones de países desarrollados que saben del poder que se resguarda en esta montaña, saben también que están guardadas la tecnología y la maquinaria traídas desde la Lemuria, las cuales pueden salvar o destruir el planeta. Por esta razón han estado buscando infructuosamente y con gran esfuerzo las oportunidades para hallar el lugar exacto de la entrada física a su interior. También han tratado de ingresar al sagrado Mururata utilizando otras dimensiones. Para este cometido se han valido de satélites artificiales especializados en prospecciones y búsquedas, también han enviado misiones secretas conformadas por andinistas que llegaban a la ciudad de La Paz disfrazados de simples deportistas. Así se habían organizado grupos especiales constituidos por bolivianos y extranjeros, enviados para que encuentren el ingreso. Ellos se desviaban en el camino precolombino del Takesi para acceder al Mururata, pasando por el costado de la montaña y por los alrededores de mina Chojlla, en la región yungueña. También instalaron poderosos telescopios con el propósito de hallar la entrada, teniendo en cuenta que ellos saben que es muy poco accesible para los seres humanos, por los precipicios que existen en ese flanco de la montaña. Muchos de ellos saben que se trata de otra dimensión, y sin embargo han seguido intentando hallarla sin conseguirla. Por ello debemos agradecer a los seres superiores que son los ‘guardianes protectores’, que permanentemente vigilan el Mururata. Ellos son protectores del alto nivel astral. Ni humanos ni entidades pueden violar esta entrada. La humanidad podrá acceder en 2020, fecha especial que mis guías me indican. Posiblemente entonces yo tenga el privilegio de estar dentro de tan esplendorosas cavernas, conociendo sus secretos celosamente guardados”.

El mágico Mururata, la montaña blanca. ¿Oculta archivos Lemurianos? Cortesía: ceacbolivia

Leyenda del Mururata

En la cordillera de los Andes existía una gran montaña llamada KHUNO, que era la más alta del mundo, pues su cima atravesaba el mismo cielo, y por tan grande era temida y humillaba a todo lo que estuviese en su contra. Pretendía ser mejor que lo que la naturaleza y Dios habían otorgado. Esta montaña era muy hermosa, tenía la forma de un perfecto cono, que podía distinguir desde las tres Américas. Incluso era mucho más alta que la montañas del HUMA HALAYA (o Himalaya, que en el idioma aymara significa donde caen las aguas), y aún más altas que el Aconcagua, el Illampu y el mismo Illimani. Manko se indignó por la arrogancia y soberbia de KHUNO y lo reprendió diciéndole ‘¡SARJAMA!’ que en el idioma aymara significa ‘¡apártate!’”.

A pesar de que era un Dios de amor y bondad, Manku tenía que restaurar la gloria y grandeza de su linaje, en un momento de furia agarró su honda, puso en ella una piedra, y la lanzó con tal rabia que fue agrandándose, pues en esa piedra salían de su cuerpo la rabia el desencanto por tanta maldad. Cuando dio en el blanco, la montaña se partió en dos con el impacto, la parte superior de la cumbre de KHUNO, aún llena de nieve, salió volando por miles de kilómetros, hasta caer en la cordillera occidental. Desde aquella época, la base de la montaña se quedó al lado de su hermano Illimani. Se la designa con el nombre de la montaña del MURURATA, que en el idioma aymara quiere decir descabezado por la piedra que le lanzó el Dios Manku. La parte superior fue hasta la Cordillera Occidental, y recibe el nombre de ‘SAJAMA’, que en el idioma aymara significa ‘vete’ (Sarjama)”.

Toda esta información supone un nuevo paradigma, en cuanto a la historia de los Andes y su compleja vinculación con Lemuria aún por probar. En 2020 Antonio promete más respuestas, cuestión de esperar.

Argentina es también parte de este legado, donde este continente pareció extender sus ramificaciones, así como sus archivos desaparecidos. Veamos.

Florencio de Basaldúa. Erné, y los secretos de Austerría

Florencio de Basaldúa, quién bautizó a Lemuria, como el continente Austerría. Cortesía: docplayer

Mientras llevaba a cabo mi investigación para mi libro sobre la Cueva de los Tayos, uno de los capítulos abordados está dedicado a la obra de un estudioso argentino poco conocido, Florencio de Basaldúa, 1853-1932. La mayoría de su obra fue publicada a principio del siglo XX, dedicando algunos de sus títulos a narrar la historia de Lemuria, que Basaldúa en idioma vasco bautizara como Austerría. Fue realmente un investigador precursor, aunque como digo su trabajo lamentablemente nunca alcanzó masividad.

Otro género que también incursionó Basaldúa fue la novela fantástica, al estilo Verne, que plasmó en Erné. Leyenda Kántabro Americana. Allí se relata la existencia de lemurianos supervivientes de un antiguo cataclismo, que se habrían refugiado con su legado, en la entrañas de un monte argentino, que Basaldúa comunica como el enigmático El Beltzur.

Aquí un pasaje de su extraña novela:

Erné. Leyenda Kántabro Americana, de Florencio de Basalduá (Disponible en Amazon)

El interior del cerro, taladrado verticalmente por las erupciones de los fuegos subterráneos, en la edad de formación de la cordillera andina, hallábase surcado también por vastas galerías, abiertas unas por la acción de las ardientes lavas, y otras, las que corrían horizontalmente en las direcciones cardinales, trazadas en la roca viva por las generaciones pasadas de indios aborígenes. En las primeras edades sirvió de refugio al hombre primitivo; después fue templo donde se cultivaron las ciencias y uno de los observatorios astronómicos de más fama entre los sabios sacerdotes de la raza roja, que civilizaron el país.

Actualmente el anciano Jakinduna, uno de los pocos iniciados en la religión del pasado, que será la religión del porvenir, era el sacerdote encargado de su custodia. Las habitaciones reservadas del anciano y de su hija estaban labradas en la roca viva, admirablemente pulimentadas y decoradas con regia elegancia al gusto oriental. Blandos divanes de crujiente seda, ocupaban el contorno mientras muebles de raras formas, artísticamente esculpido en ónix, esmeralda y oro, contenían ricas colecciones de esos bibelots de porcelana antigua que hacen las delicias de los inteligentes, y flores y aves rarísimas embalsamaban embellecían la atmósfera al par que deleitaban el oído. Jakinduna, formado por las voces Jalcin, sabio y alduna potente significa literalmente, esciente, sabedor, sabio, o bien poderoso de sabiduría.

Dos trabajos imprescindibles del sabio argentino Florencio de Basaldúa, donde aborda la cuestión de Lemuria, bautizada como el continente de Austerria, la raza roja.

Estas habitaciones comunicaban con un inmenso salón imposible de describir en todos sus detalles, pero de cuyos lineamentos generales daré aquí breve idea. Imaginaos el interior de un inmenso cono truncado, de mil metros de altura; cuya base inferior medía un diámetro de cuatrocientos metros, y la superior, abierta al cielo, cien metros próximamente: esta abertura superior era 1 cráter, la boca del extinguido volcán, y se abría hacia arriba hasta tener doscientos metros de diámetro externo; ese era el punto más alto del Pico de Beltzur, que domina altanero las chatas planicies del contorno.

Las paredes interiores del cono, brillantemente pulimentadas en una época remotísima, estaban cubiertas por un barniz blanco azulado, semejante al cristal en su aspecto, en que reflejaban los rayos solares inundando con sus luces el inmenso salón; mas el barniz, del que también estaban cubiertas las habitaciones y corredores, tenía propiedades fosforescentes que lo hacían inapreciable en aquellos subterráneos espléndidamente alambrados con su luz suave. Sobre el piso del gran salón descansaban innumerables instrumentos de astronomía, física, geografía, química, etc., de riqueza incomparable: en el centro estaba un telescopio gigantesco, cuyos movimientos facilitaba una combinación eléctrica. En contorno, esfinges gigantescas de granito sostenían una especie de cornisa elegantemente esculpida, encima de cual y en toda la circunferencia se hallaban esqueletos de dos de los grandes animales que han poblado el planeta; y encima de ésta, tres galerías más, igualmente ocupadas por fauna y la flora de las edades pasadas; colección riquísima, la más completa, cual no la tuvo jamás ningún otro museo de la Tierra. En el plan terreno, entre esfinge y esfinge, en multitud de estantes de madera incorruptible, se hallaban colocados en orden admirable multitud de papiros y volúmenes, escritos en signos jeroglíficos ó estenográficos y –curiosos dibujos cuyo significado no pude comprender. Tal era a grandes rasgos, la regia y extraña mansión en que me hallaba”.

Algunos registros lemurianos, según el estudioso británico James Churchward, quizás el hombre que más difundió Mu, la Madre Tierra. Cortesía: unariunwisdom

Es importante señalar Erné se publicó en 1893, mucho antes que James Churchward publicitara sus textos sobre Mu la madre Tierra, lo cual no es un dato menor, teniendo en cuenta la influencia de este autor con respecto a Lemuria y Sudamérica. El lector se preguntará si Erné, responde a hechos verídicos, o solamente se trata de licencias imaginadas por su autor. Sólo diré, Tayos y Erné, ocultan claves calcadas. Hasta aquí.

Por supuesto el enigma de Lemuria no se agota en este artículo, que por otro lado tan solo aborda la cuestión sudamericana. América del Norte es otro de los pilares que guarda muchos secretos de este continente desaparecido, y cuya importancia en nuestra América, parece desafiar incluso a la popular Atlántida en cuanto a creencia, concitando mayor adhesión. Continuará.