Distorsión: ¿Y si los OVNIs fueran algo muy diferente de lo que hemos creído hasta actualmente?
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Nos vamos a centrar en esta entrega en uno de los nombres fundamentales de la ufología no solamente gaditana, sino además española y tambien internacional: el algecireño José Antonio Caravaca, cuya Hipotesis de la Distorsión, detallada hace poco en el texto Distorsión. ¿Una hipotesis explicativa? (Guante Blanco, 2019), ha sobrepasado nuestras fronteras. Entusiasta del fenómeno OVNI desde continuamente, ya en su juventud Caravaca leía todo lo que podía, recopilaba recortes de prensa, tomaba notas y fotocopiaba aquello que le aparentaba fascinante. Hoy, 37 años mas tarde, es un experto igual de entusiasta, pero sin que la pasión obnubile su capacidad crítica. De los incalculables sucesos vinculados con Cádiz que ha conocido en el transcurso de su trayectoria, el que más le ha impactado nos traslada al 12 de marzo de 1981, cuando “Juan González Santos, trabajador del ayuntamiento de Algeciras, a plena luz del día se localizó con una insolita aeronave y sus tripulantes. Fue poco anteriormente de llegar a la barriada de Pelayo, en la nacional 340 dirección a Cádiz encima del mediodía. Según me relató el propio declarante, mientras conducía su vehículo vió, en el lado izquierdo de la carretera, detrás de una fila de eucaliptus, un extraño brillo. Una vez apeado de su furgoneta, Juan comprobó que se trataba de un objeto de forma semicircular, metálico, con cinco ventanillas circulares y sustentando sobre tres ‘patas’ telescópicas. En el interior del objeto había diversos entes de apariencia humana que llevaban trajes ajustados de color marrón y la rostro cubierta con un tipo de plástico transparente. Cuando Juan quiso acercarse para verlo de en las proximidades, desde el OVNI le arrojaron un rayo de luz que le dejó paralizado. Al poco tiempo, ‘aquello’ despegó y se perdió en la lejanía. Expertos como Andrés Gómez Serrano y J. J. Benítez hallaron misteriosas señales en el suelo a las escasas semanas del suceso que confirmaban su una declaración”.
¿Qué ocurriría si nuestro enfoque sobre la naturaleza de los OVNIs hubiera estado errado? ¿Hay otra forma de encarar el misterio de los platillos volantes? ¿Qué es la hipotesis de la Distorsión? ¿En que sitio deja la teoría alienigena? ¿Es una idea excluyente con la probabilidad de un causa exógeno al ser humano?
En exclusiva para los lectores de MUNDO OCULTO vamos a ofrecer algunas claves de esta sugerente y apasionante idea.
En primer lugar, hay que apuntar que la Hipotesis de la Distorsión (TD) es un planteamiento que tiene nexos en habitual con la teoría psicosocial (Monnerie) y con varios aspectos incluidos en la llamada paraufología (Clark, Vallée, Grosso, Freixedo, Keel), si bien como principal contraste habría que apuntar que su finalidad o objetivo no se limita a esclarecer el presunto origen de este fenómeno, sino que su esfuerzo se concentraría en intentar acercarse al modus operandi de los encuentros próximos con OVNIs, quizás, con abundante desigualdad las experiencias con mayor carga de alta extrañeza de todo lo que nos ofrece el paradigma. Así pues las cuestiones básicas que espera contestar la TD son algo diferentes de las habituales que suelen hacerse los investigadores en esta materia: ¿por qué las personas tiene esta clase de insolitos encuentros?, y sobre todo ¿por qué los ensayan de una forma tan personalizada y subjetiva?
En síntesis, desgranar el funcionamiento interno de estas experiencias anómalas (que por cierto es casi lo único que podemos realizar al no disponer de una nave o un ocupante para su ensayo).
Los encuentros próximos siguen siendo con desigualdad los episodios mas inexplicables del fenómeno OVNI. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Un fenómeno sin memoria
Y es que, si analizamos detenidamente la casuística ufológica, los miles de narraciones, comprobaremos que lejos de presentar una inmejorable uniformidad en su puesta en escena, lo que se traduciría en la recogida de variados testimonios de un mismo tipo de nave y ocupantes volando y aterrizando de un sitio a otro, lo que encontramos en verdad son diversos versiones fuertemente «personalizadas» de un mismo concepto: la furtiva llegada a nuestra mundo de unos exploradores alienigenas, dado que cada declarante, en contra de las previsiones, se topa con un platillo volante y un ufonauta distinto.
Como si el fenómeno OVNI no tuviera memoria estética y constantemente asistiéramos a una reiniciación de la escenografía expuesta ante los observadores desde cero. ¿Pero como es esto factible?, ¿estamos siendo visitados por centenares de culturas distintas?, ¿o por contra nuestros sentidos están siendo engañados o manipulados por una inteligencia sin identificar para que cada persona los vea de una forma distinto?, ¿quiere decir esto que los OVNIs usan un inquietante camuflaje psíquico para ocultar sus incursiones?
Vamos por partes. Lo único cierto y que no puede ser debatido por ningún ufólogo que se precie de conocer la literatura es que el fenómeno OVNI tiene múltiples más implicaciones con el psiquismo humano de lo que se afirmaba en un comienzo. Por ese motivo la TD defiende que los encuentros próximos con OVNIS nada deben de ver con lo que nos proporciona sus primeras capas, ósea las apariencias. Por ese motivo expone que son el resultado de un complejo proceso parapsíquico producto de la comunicación e interacción de la mente de los declarantes con un agente externo desconocido proveniente quizás de diferentes dimensiones o porciones ocultas de nuestra propia realidad. Y la consecuencia más palmaria de esta extraordinaria conjunción, de este contacto, es la creación de una «proyección tridimensional» que tiene en su interior una vívida y apabullante escenografía que se moldea por medio de potentes estereotipos socioculturales y sobre todo con material inconsciente perteneciente a los observadores.
Una inmejorable puesta en escena «ilusoria» (si bien esto no quiere señalar que estemos tratando con alucinaciones, delirios o trastornos mentales) que imita y emula el desembarco de una nave alienigena, pero lógicamente, como prueba la propia bibliografía ufológica, enmarcada y desarrollada bajo nociones (imaginería) estrictamente humanas. En realidad, desde un comienzo los declarantes han sido capaces de identificar sin dificultad multitud de elementos análogos a los de nuestra civilización incrustados en estos supuestos viajeros de lejanas e ignotas estrellas. Y si bien la base del guion y la estética desplegada en estas experiencias parecen estar cimentadas genéricamente sobre la ciencia ficción, lo alienigena y la astronáutica, es además muy obvio que los recursos ideográficos utilizados por el fenómeno para confeccionar esta proyección son mucho más amplios y diferentes de lo que estos dos campos proponen, de ahí el totum revolutum que simboliza la casuística en su globalidad. Por ello, la TD postula que la mayor parte del contenido exibido en estas experiencias se extrae de una infinidad de elementos narrativos y ornamentales más ordinarios y habituales que se hallan integrados en la psique o el entorno de los declarantes.
Al contrario de diferentes teoría encima del origen de los platillos volantes la Distorsión pretende revelar el modus operandi del paradigma y sus implicaciones con la psique de los declarantes. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Y es que, para la confección de esta «teatralización» el fenómeno OVNI, por medio un proceso de retroalimentación con los observadores, es capaz de moldear desde la nada, tanto la figura de la nave y sus respectivos ocupantes casi con cualquier tipo de recurso ideográfico que se halle en esos instantes latente en la psique de los observadores. Y para ello puede valerse desde el aspecto de una vehículo espacial que vió el declarante en una sucesión de televisión, hasta la cafetera que utiliza habitualmente en sus desayunos o un artilugio que se halle en su garaje, porque si algo tiene claro la TD es que el paradigma no necesariamente recoge información vinculada con los viajes espaciales o la temática alienigena para montar la recreación. Ni siquiera requeriría que los declarantes conocieran explícitamente algún contenido exhibido por los OVNIs (por medio de los medios de comunicación, libros, periódicos o revistas, el rumor sería bastante).
El texto Distorsión (Guante Blanco. 2019) es una obra que ofrece un novedoso punto de vista sobre los OVNIs. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Todo el material suministrado inconscientemente por los observadores es proyectado de forma distorsionada, en una surrealista arquitectura parecido a la onírica, que se integra a la perfección en el entorno del declarante como si verdaderamente todos los elementos estuvieran allí actuales. Pese a esta distorsión visual, un estudio a conciencia de la estética de un suceso OVNI podría localizar sin contratiempos el origen de esas precisas formas en la psique del declarante demostrando que hay una conexión entre lo contemplado y el observador. Para facilitar esta labor de rastreo, la búsqueda se debería centrar en los aspectos más extraños de su encuentro personificado por los detalles que jamás anteriormente han sido reportados en otro suceso. Y esto quiere decir ni más ni menos que la lectura e interpretación que elevemos sobre los encuentros próximos con OVNIs tiene que tener en narra que casi con seguridad casi nada de lo reflejado en estas experiencias sea promovido por el propio paradigma y más bien es la consecuencia de un proceso altamente creativo que alza un muro a modo de espejismo, entre la génesis del paradigma y la observación de los declarantes. Por tanto, múltiples teoría que barajamos en el presente se fundan (erróneamente) encima del efecto resultante del contacto con esta arrolladora realidad, pero no encima del autentico fondo de el asunto.
En realidad, las indicios seguidas hasta el día de hoy por los expertos, como los símbolos observados en las naves, el contenido de las comunicaciones o el aspecto de los ufonautas, son irrelevantes para llegar a ninguna conclusión. Por poner una muestra, sería algo al igual que intentar adivinar que produce las alucinaciones de una persona sometida a la ingesta de Ayahuasca (planta alucinógena) examinando unicamente el contenido de sus visiones sin sondear la probabilidad de que en su cuerpo se encuentren indicios delatadores que revelen que ha tomado una sustancia que provoca alucinaciones.
Pero llegados a este punto hay que aclarar, para impedir innecesarias confusiones, que esta proyección no es algo unicamente mental ni engañosa, sino que por contra los actores y atrezo proyectados por el paradigma interaccionan encima del medio como si verdaderamente estuvieran allí actuales y se trataran de objetos y entes físicos al uso, inclusive, a veces, pueden causar pruebas físicas, instalar secuelas en los declarantes o ser observados por más individuos. Inclusive más que proyección el termino más adecuado sería que los declarantes se observan sumergidos en un tipo de «realidad virtual» para la cual nuestros sentidos ordinarios se hayan fuera de rango.
¿Son los OVNIS una elaboraba y desconcertante proyección tridimensional que emula un desembarco extraterrestre? (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Pero insistiendo en las implicaciones de los observadores en el contenido enseñado por el fenómeno, las conversaciones mantenidas con la tripulación de los platillos volantes, como no lograba ser de otra forma, además se encuentran en clara sintonía y consonancia con la psique de los declarantes, de lo que se deduce sin mucho esfuerzo que los conocimientos y conducta de los individuos además afecta e interfiere en el desarrollo narrativo de las experiencias, donde como ejemplo los individuos más extrovertidas poseen contactos más amplios que los declarantes más temerosos y cautelosos.
Pese a todo, si por alguna cosa sobresalen los encuentros con OVNIs es por su espectacular y deslumbrante puesta en escena que, en lo puramente visual, es mucho más amplia y detallada que en el exiguo, falaz y descabellado contenido informativo que nos traslada los ocupantes sobre su procedencia o intenciones. No hay una lógica equivalencia entre el aspecto visual y el aspecto narrativo exhibido por el paradigma. Si se tratase de una película diríamos que la cinta contiene bastantes y espectaculares efectos especiales de última generación, pero los diálogos y la trama del filme están muy poco trabajados.
Propiedades de la Proyección. Croquis 1. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Incidiendo en este trasvase de información que se produce entre los declarantes y el fenómeno no hay que olvidar que uno de las características más confusas del paradigma OVNI como señalábamos con anterioridad es que, sospechosamente contiene demasiados aspectos y elementos análogos a los de nuestra propia civilización. Calcados. Y esto sería una prueba incontestable de que estas apariciones, sean lo que sean, están interaccionando de alguna forma con los observadores para mostrarse bajo diferentes y humanizadas formas que son totalmente reconocibles por los protagonistas de estos acontecimientos. O lo que es lo mismo, el declarante no es un mero, accidental o pasivo espectador de lo que acontece frente a sus ojos, sino que participa e influye activamente en lo contemplado como cocreador de las experiencias ufológicas.
Croquis 2. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Si bien hay que avisar, que es muy posible que esta intromisión de los observadores en la elaboración de los contenidos de los encuentros próximos no es un acto premeditado ni planeado por el fenómeno con ninguna oculta y siniestra intención, ni por motivos de «camuflaje», sino fruto «per se» de la comunicación establecida entre ambos actores. No estamos enfrentados a un escrupuloso y metódico sistema de control como apuntaba Jacques Vallée ni tan siquiera a las pérfidas maquinaciones de unos anárquicos entes ultraterrestres como defendía John Keel que nos desean enredar en mil juegos de sombras chinescas. Pese a ser un fenómeno de carácter global, su repercusión y desarrollo debe valorarse a nivel individual.
La repercusión de la Hipotesis de la Distorsión en la comunidad ufológica es indiscutible. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Lo descabellado
Al margen de la incuestionable falta de uniformidad y equilibrio de los encuentros próximos, uno de los aspectos que más ríos de tinta ha hecho correr al investigar la casuística OVNI, es que la conducta de los ufonautas difería del esperado de una supuesta civilización superior. Los expertos pronto anotaron que o bien los extraterrestres habían perdido la cordura al respirar nuestro oxigeno o que estaban representando un papel para despistarnos completamente. ninguna persona imagina que los contactos con entes de diferentes planetas fueran a contener conversaciones absurdas o peticiones de lo más extravagantes, desde pedir un vaso de agua hasta preguntar la hora. Tal fue la turbación que causó el intentar entender este marcado aspecto descabellado empotrado de los encuentros próximos que los ufólogos intentaron exprimir sus cerebros para llegar a alguna conclusión decente. Y a causa de este galimatías, se creyó, más bien como un pretexto intelectual que como algo factible, que detrás de esta «ilógica» debía subyacer un mensaje casi metafísico que no llegábamos a conseguir. Inclusive se arribó a plantear la presencia de un tipo de gran «teatro cósmico» de impenetrables designios perpetrado por inteligencias alienigenas o entes de diferentes dimensiones que actuaban eficazmente tras una aparente hilarante conducta cargada de irracionalidad. Pero quizás la realidad fuera mucho más sencillo de lo que todos estos planteamientos querían enmascarar, y que vendría a afirmar un detalle largamente ignorado, la intromisión psíquica humana en la confección de estas experiencias. Desde perspectiva de la TD el aspecto descabellado tan referenciado y reverenciado que registramos en miles de narraciones no tendría un fin u objetivo superlativo como han subrayado la mayor parte de expertos (Keel, Darnaude, Vallée), sino que como apuntamos sería más bien otro indicativo de que estas experiencias poseen una asombrosa analogía (si bien se tratase de algo diferente) con procesos psíquicos hasta cierto punto habituales y bien conocidos por nuestra ciencia. En este suceso no pasa desapercibido que múltiples de las tramas desarrolladas en los encuentros con OVNIs poseen extraordinarias semejanzas con el cosmos onírico donde cada noche los durmientes poseen experiencias muy «autenticos» experimentando situaciones donde lo cotidiano y más mundano se funde con lo fantástico y lo ilógico, erigiendo imponentes escenarios fusionando toda clase de conceptos y elaborando sofisticados argumentos de los que somos protagonistas.
Así pues la TD sostiene que todo lo contemplado en la puesta en escena orquestada por el fenómeno, o sea, los OVNIS y sus huidizos ocupantes, siguen un desarrollo muy parecido, si bien se refiera a otra cosa, que el manifestado en los sueños. ¿Y cuál sería la principal conclusión de este hecho? Pues que los encuentros próximos no poseen una presencia real y perdurable (continuidad) más allá de estos efímeros contactos. No hay ni el anteriormente ni el mas tarde, solo podemos cuantificar y evaluar el durante. Y este única hecho aclararia, de entrada, una de las grandes interrogantes del asunto OVNI ¿Por qué hay tantos tipos de platillos volantes y alienigenas? Y es que estas manifestaciones serian resultado de un proceso altamente «creativo» y «maleable» que se adaptaría a los datos privativa e intransferible de cada declarante, sin escasamente contar con información previa acontecida en otro suceso ufológico debido a que el fenómeno es incapaz de conservar contenidos estéticos más allá de los elementos más habituales y previsibles. Por esta circunstancia hemos sido incapaces de obtener una imagen fija o coherente del paradigma OVNI o tan siquiera extraer una trama compartida entre miles de sucesos que nos indicaran nitidamente que nos encontrábamos ante una misma nave y unos mismos tripulantes.
(Archivo personal / José Antonio [email protected])
Los OVNIs ¿Fruto de una arquitectura psíquica?
Por tanto, si los sucesos OVNIs son consecuencia de un mecanismo parapsíquico individual por ejecutar, de insospechadas consecuencias, es indiscutible que los episodios resultantes deberían ser imprevisibles, aleatorios y caóticos. Todo es fruto de un espontáneo engranaje que se pone en funcionamiento en el mismo instante del «contacto» entre ambos factores desencadenantes (fenómeno/declarante). Así pues sería muy lógico que los elementos visuales y narrativos expuestos en un suceso ufológico, sobre todo la figura de las naves y sus tripulantes, fueran casi imposibles de localizar repetidos en otro suceso dado que el fenómeno no se traslada de un sitio a otro exponiendo la misma información, solo desplaza la misma «maquinaria» que los produce. Por ese motivo no puede existir nada prefijado anteriormente de la interacción del fenómeno con los declarantes. Los encuentros con OVNIs y sus ocupantes bajo los preceptos de la TD no son originados por la visita a nuestro mundo por entes oriundos de diferentes planetas habitados, ni son porción de un metaplan de una megainteligencia, sino que serían consecuencia de un intento de nuestra psique por entender y decodificar un fenómeno de carácter cognitivo que puede proceder de resquicios inexplorados de nuestra realidad y que nuestros sentidos no perciben de forma ordinaria. La psique humana es permeable a esta irrupción modificando la estructura del fenómeno de una forma subjetiva, El escenario de estas experiencias tiene sitio en una zona limítrofe entre ambos universos y donde varios estados alterados de conciencia podrían facilitar el acceso en determinadas circunstancias. en cambio, es particularmente el filtrado inconsciente que realiza nuestra mente tratando entender y dar formar a estas manifestaciones, sobre todo auspiciado por las creencias sobrenaturales (que no dejan de ser otro causa cultural humano), lo que hace que no lleguemos a profundizar totalmente en la autentica dimensión de este fenómeno, dado que nuestra inmersión psíquica con el paradigma produce una retroalimentación informativa que distorsiona completamente nuestra percepción del mismo, al exponer recursos propios en el seno de esta manifestación. Y es por esta, en cierta medida, «onírica» reconstrucción cultural, una suerte de collage psíquico que se activa en el instante justo del contacto, así pues somos capaces de identificar, evidentemente, bastantes detalles de una supuesta civilización extraterrestre que nos llevan miles de años de adelanto: ventanillas, antenas, escalerillas, palancas, relojes, equipos de respiración autónomos, pantallas, ordenadores, pistolas, escafandras, etc. Y un tanto de lo mismo sucede con la sospechosa antropomorfización de la tripulación de los OVNIs, que, además, para mayor pasmo, despliegan un comportamiento y gestualidad que a todas luces imita al humano hasta en sus más íntimos detalles: pero la cosa no queda ahí. Los ufonautas son capaces de hablar cualquier dialecto de la Tierra sin dificultad.
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Para concluir la TD sustenta que los platillos volantes están vinculados con diferentes apariciones anómalas de insolitos entes y seres registradas en el transcurso de los años, desde las apariciones marianas hasta el bigfoot, pasado por las tropelías de hadas y duendes, demonios y ángeles. Lo que sucede es que, con el transcurso del tiempo, nuestra particularísima forma de decodificar e interpretar estas irregularidades, apoyados en nuestra propia sociedad y creencias (inclusive las sobrenaturales), ha sido lo que le ha otorgado su correspondiente etiqueta en el interior del fastuoso e incomprensible cosmos de lo forteano entendiendo de forma equivocada que se trataba de manifestaciones distintas.
La hipotesis de la Distorsión propone que las manifestaciones de entes, criaturas y entes desconocidos están vinculadas con el misterio OVNI. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
El origen de estos sucesos puede hallarse en porciones de nuestra realidad que pasan desapercibidas a nuestro estado ordinario de conciencia. No necesariamente estamos expuestos a dimensiones o universos alternativos como los simboliza habitualmente la ciencia ficción, sino que estas manifestaciones son chispazos de la presencia de una realidad cognitiva que va más allá de nuestros sentidos. Un cosmos cognitivo que nos abre una puerta a regiones inexploradas por nuestra psique y del propio cosmos que nos rodea. Quizá escasos declarantes han trascendido al contenido original de este fenómeno librándose de nuestros embaucadores filtros y etiquetas, y además es muy factible que la realidad de este paradigma se halle en las antípodas de lo defendido por la mayor parte de ufólogos. Las repercusiones psíquicas sobre los observadores según la TD serían la base principal para focalizar nuestro interés y no, como se estimaba hasta el instante un montón desordenado de efectos colaterales producto de una experiencia con presuntas seres alienigenas o desconocidas.
Los encuentros próximos con OVNIs se producen en una zona fronteriza entre nuestra realidad (A) y una realidad ampliada (b) en la que nos hallamos insertados. Estamos en presencia de un fenómeno de carácter «psicodimensional» altamente maleable por la interacción psíquica entre los declarantes y un agente externo desconocido. Estas manifestaciones se originan en una zona limítrofe, así pues contendrán componentes de ambos universos yuxtapuestos momentáneamente (el físico y el parafísico), y solo en algunas ocasiones, quedarán rastros en nuestra realidad, cuando la interacción con el fenómeno sea lo bastante «energético» como para dejar rastros en nuestras dimensiones ordinarias. (Archivo personal / José Antonio [email protected])
Bajo este innovador prisma la TD propone un escenario alternativo, los ufonautas y sus relucientes platillos volantes con toda su fanfarria y artificio serían el resultado de un hipnótico y alucinante epifenómeno que nos ha distraído del fondo del tema. De la auténtica dimensión del fenómeno. Y es que el contenido sustancial de los encuentros próximos con OVNIs, lo que verdaderamente debe interesarnos, nada tiene que ver con lo ofrecido por estas manifestaciones en su versión estética (lo que vemos), podría considerase que las naves y sus ocupantes son una mera distracción, ruido sensorial fruto de una interferencia cognitiva, como en su época lo fueron los encuentros con hadas o demonios demostrando que lo que vemos en muchísimo menos trascendental que el cómo lo experimentamos y que consecuencias desarrolla en la psique de los declarantes estos encuentros. ¿Y qué pasa por lo tanto con nuestros queridos alienigenas?, ¿en qué sitio encajan en esta ecuación? Imaginemos el mejor de los escenarios posibles para los entusiastas de las tuercas y los tornillos. Mañana a primera hora, una flota de naves extraterrestres aterriza en mitad de los jardines de la Casa Blanca dejándose retratar por miles de móviles y tambien, uno de estos visitantes estrecha afectuosamente la mano del inquilino del despacho oval para que quede constancia de este histórico acontecimiento. Pues bien, esta idílica y soñada eventualidad, un hito en la historia de la sociedad, no podría aclarar, ni de lejos, el contenido de la mayor parte de los encuentros próximos con OVNIs que atesoramos en los ficheros … Sin duda esta caterva de imponentes y inexplicables sucesos es harina de otro costal. Unos sucesos que nos hablan de la presencia de un fenómeno de carácter cognitivo que escapa por el instante a nuestra entera comprensión, si bien poco a poco vamos descubriendo su modus operandi…
José Antonio Caravaca y su texto “Distorsión”. (Disponible en Amazon)
Creador: Jose Antonio [email protected]
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