El Amaru, término quechua para ‘serpiente’, ostenta un papel crucial en la cosmovisión andina, manifestándose en su arte ancestral. Encarna una diversidad de conceptos: el elemento acuático, el fenómeno eléctrico del relámpago, la potencia vital, la perpetuidad, la galaxia de la Vía Láctea y la integridad del cosmos. Representa una criatura capaz de transitar entre diferentes esferas, emergiendo con vigor.

La figura del relámpago se vincula con el Amaru, considerado por algunos, como Waman Poma, el primer ser en poblar nuestro planeta, al afirmar que “en estas tierras, las serpientes amaro…” junto con otras bestias, fueron los primeros habitantes (Waman, 1614).

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