El Dios de las contradicciones: ¿Mensaje divino o manipulación humana?

Un mismo Dios, un solo poder supremo… pero dos mandatos opuestos.

Al papa, vestido de blanco, le dice: «Bebe vino, pero nunca te cases.»
Al ayatolá, cubierto de negro, le ordena: «Nunca bebas vino, pero toma varias esposas.»

¿Cómo puede una divinidad absoluta dar instrucciones completamente contradictorias? ¿Es prueba de que los designios divinos se adaptan a los intereses de quienes los interpretan?

Si Dios es uno, su palabra debería ser clara, sin divisiones ni excepciones. Pero cuando un mismo mensaje cambia según a quién va dirigido, deja de ser verdad absoluta… y se convierte en herramienta de control.

Quizás el verdadero misterio no sea lo que Dios dice, sino quién lo interpreta y cómo usa sus palabras para moldear sociedades a su conveniencia.

Porque al final, no importa el color de la vestimenta, lo que importa es quién dicta las reglas… y por qué son diferentes para cada grupo.