El fenómeno que nos puede devolver a la Edad Media puede ocurrir en los próximos meses
La NASA, la NOAA y el Panel Internacional de Predicción del Ciclo Solar han lanzado una advertencia urgente: el Sol ha alcanzado su máximo histórico, invirtiendo su polaridad en un evento sin precedentes. Los próximos 12 meses se perfilan como un periodo crítico, marcado por una actividad solar extrema que podría poner en jaque la estabilidad de nuestra civilización. La humanidad se enfrenta a un año de incertidumbre y potenciales catástrofes, mientras el Sol desata su furia sobre nuestro planeta.
El Sol ha entrado nuevamente en una fase crítica para la supervivencia de la civilización. En una conferencia de prensa reciente, representantes de la NASA, la NOAA y el Panel Internacional de Predicción del Ciclo Solar anunciaron que el Sol ha alcanzado su máximo solar, un periodo de intensa actividad que se prolongará durante los próximos 12 meses. Durante este tiempo, el Sol invertirá su polaridad y entrará en su fase más peligrosa, con un aumento en la frecuencia de tormentas solares. Si estas tormentas impactan la Tierra, podrían causar eventos catastróficos similares a los eventos Carrington y Miyake, que ocurren cada pocos milenios. La diferencia ahora es que nuestra dependencia de la infraestructura eléctrica y digital es mucho mayor, lo que aumenta nuestra vulnerabilidad.
El ciclo solar es un fenómeno natural en el que el Sol alterna entre períodos de baja y alta actividad magnética. Aproximadamente cada 11 años, en el punto álgido del ciclo, los polos magnéticos del Sol se invierten, lo que provoca una transición de un estado calmado a uno mucho más activo y tormentoso. “Durante el máximo solar, el número de manchas solares y la actividad solar aumentan”, explica Jamie Favors, directora del Programa de Clima Espacial de la NASA. “Este aumento de actividad es una oportunidad emocionante para aprender más sobre nuestra estrella más cercana, pero también tiene efectos reales en la Tierra y en todo el sistema solar”.
Seguimiento e incertidumbre
La NASA y la NOAA monitorean de cerca las manchas solares para predecir la actividad del ciclo solar. Estas manchas, que son zonas más frías en la superficie del Sol debido a concentraciones de líneas de campo magnético, son los puntos de origen de las erupciones solares. “Las manchas solares son la manifestación visible de regiones activas en el Sol, áreas de intensa y compleja actividad magnética que son la fuente de erupciones solares”, explica Elsayed Talaat, director de operaciones de clima espacial de la NOAA. Entre el 3 y el 9 de mayo de 2024, el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA registró 82 erupciones solares notables, principalmente desde dos regiones activas del Sol denominadas AR 13663 y AR 13664, incluyendo nueve erupciones de clase X, las más potentes.
Durante el máximo solar, el Sol puede desencadenar explosiones de luz, energía y radiación solar que generan condiciones conocidas como clima espacial. “Estas tormentas solares pueden afectar satélites, sistemas de comunicación y navegación, como la radio y el GPS, y redes eléctricas en la Tierra”, comenta Favors. En mayo de 2024, una serie de poderosas erupciones solares y eyecciones de masa coronal lanzaron nubes de partículas cargadas y campos magnéticos hacia nuestro planeta, creando la tormenta geomagnética más intensa en dos décadas y, posiblemente, una de las auroras más espectaculares de los últimos 500 años.
“Este anuncio no significa que estemos en el pico de actividad solar del ciclo actual”, advierte Talaat. Los científicos solo podrán determinar el pico exacto una vez se registre un descenso sostenido de la actividad solar.
El evento más potente registrado hasta ahora en este ciclo ha sido una erupción de clase X9.0 el pasado 3 de octubre. “Las erupciones solares de clase X son las más intensas, y esta es la mayor registrada hasta ahora”, señala Lisa Upton, copresidenta del Panel de Predicción del Ciclo Solar y científica principal del Southwest Research Institute en San Antonio, Texas. La NOAA anticipa que seguirán ocurriendo tormentas solares y geomagnéticas durante el presente periodo de máximo solar, lo que supone la oportunidad de observar auroras en los próximos meses y, también, la posibilidad de más impactos sobre la tecnología. “No es inusual ver tormentas significativas incluso durante la fase de declive del ciclo solar”, añade Upton.
De hecho, los paleoclimatólogos apuntan a que dos de los grandes eventos como el Carrington y el Miyake ocurrieron en períodos de mínimos solares.
La posibilidad de un evento Miyake o Carrington
Un evento Miyake o Carrington tendría consecuencias catastróficas para la civilización moderna. El evento Carrington ya provocó el caos en 1859, cuando destruyó redes de telégrafo y provocó incendios en estaciones eléctricas. Un evento Miyake, de una magnitud aún mayor, podría liberar radiación solar que sobrecargaría y destruiría la mayor parte de la infraestructura eléctrica y de comunicación a nivel global, además de llegar con partículas de alta energía a la superficie terrestre. Los transformadores de la red eléctrica fallarían de manera generalizada, provocando apagones masivos en cadena que dejarían a las sociedades modernas sin electricidad, deteniendo el funcionamiento de hospitales, servicios de emergencia, suministro de agua potable y la producción y distribución de alimentos.
Comparación entre el mínimo y máximo solar. (NASA)
La infraestructura de internet también colapsaría, con los cables submarinos y sus repetidores eléctricos fallando irremediablemente. Las partículas de alta energía que alcanzarían los centros de datos podrían corromper tanto los datos como las copias de seguridad. Sin electricidad ni conectividad, la sociedad retrocedería a un estado preindustrial. En cuestión de días, la falta de electricidad resultaría en millones de muertes y el colapso total de los servicios básicos, llevando a miles de millones de personas a situaciones extremas.
Según las proyecciones, en apenas una semana —como describimos en nuestro documental “Control Z”— el caos se apoderaría del planeta, retrocediendo básicamente a la Edad Media. El Pentágono y otros analistas señalan que la recuperación tardaría décadas, ya que la reposición de transformadores y otros componentes esenciales requeriría recursos y capacidades industriales extremadamente limitadas tras el evento.
Nadie sabe si uno de estos eventos ocurrirá en este ciclo solar, pero lo cierto es que, cada vez que llegamos a este punto, estamos jugando a la ruleta rusa sin quererlo.
Crónica de una tormenta anunciada
Los efectos de los eventos solares extremos están bien documentados. La Dra. Holly Gilbert, quien fue directora de la división de ciencia heliofísica del centro de investigación NASA Goddard y ahora encabeza el High Altitude Observatory del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de los Estados Unidos, nos explicó que hay tres niveles de impacto. El primero es la erupción de radiación de alta energía —rayos X y ultravioleta extremo— que puede afectar nuestra ionosfera en ocho minutos, ya que viaja a la velocidad de la luz. Las partículas también causan corrientes debido a su carga, y finalmente, las eyecciones de masa coronal, con decenas de miles de millones de toneladas de plasma y el campo magnético del Sol.
Los seres humanos vivimos en la ignorancia del grave peligro que el Sol, nuestra fuente de vida, representa para la civilización humana en cualquier momento. (Control Z)En una videoconferencia, la Dra. Sangeetha Abdu Jyothi, profesora adjunta de Computación en la Universidad de California, Irvine, nos advirtió sobre el efecto devastador que un evento como el de Carrington tendría en la red de cables de internet submarinos. Según sus estudios, estos eventos destruirían los centros repetidores debido a la falta de protección, inutilizando así las conexiones de internet globales. Esta combinación de efectos no solo derrumbaría la red de internet, sino que nos devolvería a una era de oscuridad. “De hecho, ni siquiera a la Edad Media, diría que incluso antes”, enfatiza Abdu Jyothi con gravedad.
Un bucle solar levantándose cientos de miles de kilómetros sobre el Sol.En la actualidad, todas las infraestructuras críticas de la sociedad, desde la sanidad y la banca hasta la distribución de agua potable y la logística, dependen de la electricidad y la red de internet. “Si perdemos eso, básicamente retrocederíamos a la Edad de Piedra, especialmente con la densidad de población que tenemos en las grandes ciudades. No puedo ni imaginar lo que sucedería si ocurriera un evento a gran escala”, comenta un experto.
John Kappenman, un ingeniero estadounidense con décadas de experiencia en la industria eléctrica, sí puede imaginarlo. Ha dedicado su vida a estudiar estos fenómenos y su impacto en las redes de alta y media tensión. “Habría desastres en la salud pública, en los servicios públicos, en la cadena de distribución de alimentos, en la industria farmacéutica, y los hospitales y sistemas de pago quedarían inutilizados. Todo colapsaría una vez que la red eléctrica, la infraestructura más crucial, se vea afectada”, nos explica en una entrevista telefónica.
La onda de choque de una eyección coronal masiva del Sol deformando el campo magnético terrestre.Actualmente, los científicos creen que cada pocos cientos de años experimentaremos un evento similar al de Carrington. El último de estos eventos ocurrió en julio de 2012, pero afortunadamente se dirigió en dirección opuesta a la Tierra. “Sin embargo, cada mil años aproximadamente, enfrentaremos un evento que será 10 o 20 veces más potente que el evento Carrington. No es una cuestión de si sucederá, sino de cuándo ocurrirá”, explica Gilbert.
El evento Miyake será aún peor
Si bien el impacto global de un evento Carrington sería devastador, existe otro tipo de tormenta solar aún más poderosa: los eventos Miyake. El Dr. Ethan Siegel, astrofísico teórico, investigador y divulgador conocido por su pódcast “Starts with a Bang”, ha estado monitoreando de cerca la vulnerabilidad de la red eléctrica mundial y el peligro que el clima solar extremo representa para la civilización. Según Siegel, el evento de 1859 es insignificante en comparación con un evento Miyake.
La energía desatada al romperse la cola crearía una corriente eléctrica que reventaría la mayoría de los transformadores de todo el planeta.
El Dr. Raimund Muscheler, profesor de Ciencias del Cuaternario y especialista en paleoclima en la Universidad de Lund, descubrió los núcleos de hielo mencionados por Siegel. En una entrevista por videoconferencia, explica que estos protones son tan peligrosos para la infraestructura electrónica como el plasma solar lo es para la infraestructura eléctrica: “Representan un riesgo directo de radiación. La electrónica de los satélites puede destruirse con alta radiación, y también afectaría a cualquier persona en el espacio. Volar cerca de áreas polares, donde el campo magnético no nos protege de estas partículas de alta energía, también puede resultar en una alta exposición a la radiación”.
Abdu Jyothi añade que estos protones también afectarían gravemente a todos los dispositivos electrónicos en la Tierra, causando daños irreparables en archivos de datos y errores en chips cuando el aumento de partículas de alta energía llegara a la superficie terrestre. “Con un evento Carrington, nuestros teléfonos móviles, torres de telefonía móvil, servidores y centros de datos estarían mayormente seguros siempre que tengan protección contra el voltaje transitorio del suministro eléctrico”, explica. “Pero con un evento como el de Miyake, que es dos órdenes de magnitud más fuerte, si las partículas cargadas golpean la superficie de la Tierra, esto podría corromper nuestro almacenamiento de datos”.
Cientos de miles de personas morirían en apenas unas horas ante la falta de electricidad después de agotar el combustible de los generadores de emergencia.Abdu Jyothi advierte que los datos almacenados en nuestros centros de datos, como la información bancaria, los registros de salud y casi todos los datos actuales, corren el riesgo de corromperse. “Sabemos que pequeñas cantidades de partículas cargadas logran llegar a la superficie de la Tierra, atravesando nuestra atmósfera y causando corrupción en los datos almacenados en los centros de datos”, explica. “En condiciones normales, esta tasa de corrupción es muy baja. Sin embargo, en un evento a gran escala, podría aumentar significativamente. Podríamos perder todos los datos a nivel mundial, lo que sería devastador”.
Una escala imposible de comprender
Sin embargo, la pérdida de datos sería insignificante comparada con lo que sucedería a continuación.
El informe de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos es contundente. “Debido a la interconexión de las infraestructuras críticas en la sociedad moderna, el impacto puede ir más allá de la interrupción de los sistemas técnicos existentes y provocar interrupciones socioeconómicas colaterales tanto a corto como a largo plazo”, señala su Comité de Estudios de la División de Ingeniería y Ciencias Físicas.
Todas las industrias dependen de la electricidad, desde la logística hasta la distribución de agua potable.Los efectos secundarios de una interrupción prolongada probablemente incluirían la paralización de sistemas de transporte, comunicación, banca y servicios gubernamentales; la interrupción del suministro de agua potable debido a la detención de las bombas, y la pérdida de alimentos y medicamentos perecederos por la falta de refrigeración. La pérdida de estos servicios durante un periodo prolongado, incluso en una región específica, podría afectar a toda la nación y tener repercusiones internacionales.
En la Costa Este de los Estados Unidos, se estima que el coste social y económico anual sería de uno a dos billones de dólares, con tiempos de recuperación que oscilarían entre cuatro y diez años. A nivel global, las cifras extrapoladas alcanzarían el rango de trillones.
La recuperación es una misión imposible
A escala global, las consecuencias serían aún más devastadoras. La mortalidad humana aumentaría drásticamente debido a la falta de hospitales modernos y al colapso de la industria farmacéutica. En los primeros días, todas las personas que dependieran de sistemas eléctricos para su supervivencia, como la respiración asistida, morirían irremediablemente. Durante los primeros meses, cientos de millones de personas en áreas urbanas sucumbirían a infecciones y hambrunas regionales, provocadas por la interrupción en la distribución de medicinas, alimentos y agua potable, resultado del colapso total de la red eléctrica.
Pasarían décadas antes de poder fabricar y reemplazar todos los transformadores dañados a nivel mundial. En condiciones normales, la fabricación y entrega de un transformador de alta tensión toma aproximadamente dos años. La recuperación global llevaría mucho más de una década, según Kappenman. Reemplazar todos los transformadores —de alta, media y baja tensión— afectados sería una tarea titánica. “Sabemos que estos eventos serán de alcance planetario, no estarán confinados a una región específica del este de Estados Unidos”, afirma. Además, los lugares de fabricación de transformadores están dispersos por todo el mundo, incluyendo China, uno de los mayores productores globales. “Me preocuparía la situación geopolítica. En un escenario con daños masivos a nivel mundial, ¿permitirían los gobiernos la exportación de grandes transformadores mientras aún intentan recuperarse de los daños?” La respuesta parece evidente.
El campo estaría relativamente a salvo en las primeras semanas, pero la migración masiva de ciudadanos huyendo de las urbes será un enorme problema.Para entender la gravedad de la situación, es crucial saber cuánto tiempo se tarda en fabricar un transformador de alta tensión en condiciones normales, sin un colapso industrial y social debido a la falta total de electricidad: dos años desde el pedido hasta la entrega. “El desafío del suministro global es preocupante”, comenta Kappenman, “el tipo adecuado de cobre para los núcleos magnéticos de un transformador no se produce en todos los países. Debe adquirirse con años de antelación para asegurar el suministro”. Sin una red eléctrica operativa, “la capacidad de fabricar, enviar y suministrar todos estos componentes podría no ser viable”. Los tiempos de recuperación serían mucho más largos, “si es que podemos recuperarnos de este escenario”.
Un par de años después de la erupción, muchas estructuras estatales habrían desaparecido por el colapso de los recursos, los grandes desastres en todas las industrias y la fragmentación inevitable de la sociedad.La solución es cuestión de planificación y poco dinero
Siegel sostiene que la solución es simplemente una cuestión de inversión. Actualmente, estamos a merced de nuestra propia estrella, pero la industria ignora este peligro debido a un motivo claro: el coste. En lugar de invertir en la protección de sus redes contra un evento que inevitablemente ocurrirá, prefieren ignorarlo y persuadir a los legisladores para que hagan lo mismo. “En Estados Unidos, es prácticamente ilegal que una corporación priorice cualquier cosa que no sean los beneficios para los accionistas del próximo trimestre”, comenta. “Hay muchas acciones que deberíamos tomar de manera diferente. La elección ética es evidente, y los beneficios a largo plazo también lo son, pero las personas con el dinero y el poder en el país más rico del mundo están legalmente obligadas a no priorizar estas cuestiones”. Siegel se refiere a los estatutos que obligan a los directivos a centrarse en los beneficios de sus empresas.
Se necesita una nueva organización de la red eléctrica que la haga más resistente, con generación más local y sistemas redundantes.Kappenman señala que el regulador federal de energía de Estados Unidos ha comenzado a establecer estándares para prevenir los efectos devastadores de un evento Carrington. Sin embargo, las compañías eléctricas se muestran reacias. “Ha habido un gran debate sobre la gravedad de este evento, pero las medidas propuestas por las compañías eléctricas son demasiado débiles para evitar una catástrofe”, afirma. El problema, asegura, es que ninguna empresa quiere invertir en medidas preventivas. Esto se ha evidenciado en varios desastres naturales, donde las redes eléctricas en estados como Texas y California han demostrado ser extremadamente frágiles.
Lamentablemente, esta situación no se limita a Estados Unidos. Las compañías eléctricas de todo el mundo siguen un patrón similar, lo cual no es sorprendente dado sus tácticas y acciones cuestionables. Afortunadamente, existen soluciones técnicas: tres acciones que podrían evitar que la humanidad retroceda a la era preindustrial y la pérdida de millones de vidas.
Un plan de tres puntos
Siegel sugiere que una de las soluciones es fortalecer la infraestructura eléctrica para que sea más resistente, creando redes locales y regionales capaces de operar de manera independiente cuando sea necesario. Esto incluiría fuentes de energía más pequeñas y sistemas de almacenamiento bien protegidos.
Por su parte, Kappenman destaca la importancia de proteger los transformadores, señalando que la solución técnica es relativamente simple: el uso de condensadores en serie o neutros. Estos dispositivos, que tienen un voltaje relativamente bajo de aproximadamente 100 KV, fueron desarrollados y probados a principios de los años noventa. Kappenman trabajó en estos condensadores, que no están patentados y son de diseño abierto, lo que significa que cualquiera puede utilizarlos. Según Kappenman, implementar estos dispositivos en todo Estados Unidos costaría alrededor de 1.000 millones de dólares, y un costo similar se esperaría en Europa y otras regiones del mundo. En comparación, el costo de no tomar estas medidas podría ser de uno a dos billones de dólares anuales solo en la Costa Este de Estados Unidos durante una década.
Necesitamos muchas más sondas de monitorización para poder desarrollar un sistema de alerta temprana, algo que podría tomarnos dos décadas.Por último, Gilbert sugiere que una tercera línea de defensa contra estos eventos sería un sistema de alerta temprana eficaz, utilizando modelos de inteligencia artificial capaces de predecir con antelación los movimientos del Sol. “Observando el notable progreso de los modelos en la última década, creo, aunque sea especulativo, que en 20 años seremos muy buenos en predicciones”, afirma. “Puede sonar optimista, pero estamos avanzando significativamente en determinar la llegada de eyecciones coronales masivas”. Sin embargo, para lograrlo, necesitamos más datos y una cobertura completa del Sol desde todos los ángulos posibles con múltiples satélites, muchos más de los que disponemos actualmente, y con redundancia. “Actualmente, no tenemos una visión completa del Sol porque es muy costoso enviar tantos satélites al espacio”.
La única manera de prevenir esta catástrofe inevitable es que el mundo acuerde tomar las medidas adecuadas.En conclusión, como señala Siegel, la solución está en nuestras manos: debemos ejercer presión sobre los políticos para que protejan una infraestructura que ya no es solo un bien público, sino una fuerza vital para mantener el tejido social y económico que nos sostiene. El costo de estas medidas es insignificante en comparación con los efectos devastadores que se muestran en el documental. “Podemos unirnos como planeta para crear y hacer cumplir la legislación adecuada, asegurando que todas las ciudades del mundo estén seguras y puedan resistir estos eventos”, afirma Siegel. “De esta manera, tal vez podamos evitar un desastre de varios billones de dólares cuando ocurra lo inevitable. Esto depende de todos nosotros”.
Fuente: el confidencial
Redacción por MundoOculto.es

