Maldek o Faetón: el enigma del «Quinto Mundo» del que no se habla

En el cosmos se destaca un cuerpo celeste adicional, irradiando un fulgor que se equipara al de Marte y Júpiter. De manera súbita y sin advertencia, se desintegra una noche, asemejándose a una nova en nuestro sistema planetario. Se hincha y resplandece con la luz del día, para luego extinguirse. En apenas unos meses, la frontera de la detonación toca la Tierra. El cielo, tanto diurno como nocturno, se enciende con intensas lluvias de meteoros centelleantes. Un fenómeno de tal envergadura dejaría una marca oscura y perdurable en los moradores de aquel entonces.

Recientemente, la teoría de un enigmático planeta, conocido como el quinto planeta, que se presume fue parte de nuestro sistema solar en la antigüedad, ha experimentado un notable resurgimiento.

Este gigante terrestre, comúnmente llamado supertierra, es motivo de constante debate, y la comunidad científica no muestra un consenso claro.

Prevalece una corriente de pensamiento que se distancia de esta noción, rechazando la posibilidad de reconsiderar esta hipótesis en el futuro.

No obstante, la acumulación de evidencia en la actualidad sugiere que no todo es ficción. Sigamos explorando sus enigmas.

Faetón – El Radiante Imprudente

“Descansa aquí Faetón, osado viajero del astro rey, desafió a todos, mas su fragilidad lo condenó”. Faetón. Leyendas y Relatos.

El panteón griego está saturado de relatos misteriosos, cuyo entendimiento se escapa sin la clave adecuada. Faetón, apodado el luminoso o brillante, es uno de tales relatos. Es conocida su fatídica conclusión, marcada por el fallecimiento.

Entonces, ¿quién es este temerario héroe, que casi provoca el fin del mundo, con Zeus mismo sellando su suerte? Las crónicas narran que Faetón, progenie de Helios, la encarnación del Sol y uno de los imponentes Titanes.

Homero, el ilustre poeta griego, describe a Helios como un jinete resplandeciente que atraviesa el cielo, guiando a cuatro equinos ígneos. Ellos son Flegonte (el fogoso), Aetón (el luminoso), Pirois (el de fuego) y Éoo (el alba).

Es imperativo que el lector considere esta pista inicial, ya que si cambiamos caballo por dragón flamígero, la narrativa se transforma radicalmente, pues el dragón, símbolo de misticismo, alude a los grandes maestros. Los míticos nagas o serpientes.

La leyenda de Faetón, que oculta misterios de nuestro pasado planetario. Cortesía: museodelprado.es

Helios, por lo tanto, es un adepto del sol, residente del oscuro Tártaro y observador omnisciente. Considerando a tal eminente figura, resulta inimaginable el descalabro de Faetón, sin embargo, así fue.

La falta de habilidad de Faetón para dirigir el espléndido carruaje de su progenitor, precipitó la intervención de Zeus, pues se dice, y preste atención a estas palabras, que Faetón, en su excursión celestial, ascendió demasiado, provocando un enfriamiento terrestre, y a su vez, la desecación y combustión de la vegetación. Además, el continente africano sufrió transformaciones, tornándose en un vasto desierto.

Este es un indicio inicial que emerge del manto del mito. El segundo indicio proviene de un distinguido cronista griego, el filósofo Platón. En su renombrado diálogo Critias, donde se menciona por primera vez la Atlántida, se hacen referencias a Faetón, desvelando su compleja trama cósmica. La divulgación de estos enigmas es atribuida a Solón, uno de los sabios más destacados de Grecia.

Consideremos este fragmento:

“Faetón, vástago de Helios, al enganchar los corceles en el carro de su padre, por no ser capaz de seguir la ruta paterna, incineró cuanto había sobre la Tierra, y él mismo pereció fulminado por un rayo. Aunque parezca un relato mítico, en realidad simboliza una declinación de los astros que orbitan alrededor de la Tierra y un vasto incendio de lo que hay en ella, que acontece tras extensos periodos”.

Esta revelación brota de tradiciones aún más antiguas, como afirma Platón en Critias, dado que Solón reconoce haber recibido la información de sacerdotes egipcios. Existe incluso un lazo más íntimo entre el desafortunado Faetón y la tierra de las pirámides, pues se especula que allí fue su cuna.

En busca del quinto mundo

En el espacio que yace entre las trayectorias de Marte y Júpiter, se percibe la ausencia de un planeta. Las normas de la gravitación sugieren firmemente que debería existir. No obstante, en su lugar, encontramos únicamente una franja de asteroides. ¿Qué misterio subyace tras la evanescencia del que hubiera sido el quinto mundo? Esta interrogante forma el núcleo de “El enigma del quinto mundo” por Marius Lleget, publicado en 1980.

Cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, posibles remanentes de Faetón. Crédito: Mdf / Wikimedia Commons (Public domain)

Este segmento bien podría renombrarse como la transición de Faetón del ámbito de los mitos a la esfera académica.

Algunos lo tacharían de sensacionalismo, y no estarían equivocados, si no fuera porque varios eruditos comenzaron a propagar audaces teorías sobre el sistema solar que, eventualmente, conectarían con Faetón.

Este desafío intelectual comenzó a captar seguidores en el siglo XVII, gracias principalmente al empuje de astrónomos alemanes. Entre ellos destacó Johann Daniel Titius (1729-1796), quien ideó la ley que lleva su nombre, y más tarde se unió Johann Bode (1747-1826), aunque su contribución fue tildada de plagio. La fórmula matemática de Titius predice con notable precisión la distancia de los planetas respecto al sol.

Sin embargo, este brillante descubrimiento presentó una paradoja inesperada: la Ley de Titius-Bode solo se cumpliría a cabalidad si se reconociera la existencia de un quinto planeta, alguna vez en órbita entre Marte y Júpiter.

La comunidad científica expresó su desconcierto, y un sentimiento de inquietud se propagó entre los estudiosos, ansiosos por encontrar evidencias de ese planeta desaparecido.

Una teoría que rápidamente ganó adeptos fue propuesta por el astrónomo alemán Heinrich Wilhelm Matthäus Olbers (1758-1840), quien en 1802 sugirió que los fragmentos del cinturón de asteroides podrían ser los restos de un antiguo planeta extinto. Esta hipótesis, que se sumaba a la Ley de Titius-Bode, fue conocida como la Hipótesis Disruptiva, aportando más información a lo ya establecido.

El texto publicado por Johann G. Radlof, llamado el padre del catastrofismo, y donde por primera vez se enuncia Phaeton, como causante del diluvio. Cortesía: velikovsky.info

Con el mismo espíritu, Johann Gottlieb Radlof (1775-1846), conocido como el precursor del catastrofismo en Alemania, publicó en 1823 “La destrucción de los vastos mundos Hesperus y Phaeton, seguida por la destrucción e inundación de la Tierra”, anticipándose casi un siglo a las teorías que más tarde presentaría el académico ruso Immanuel Velikovsky (1895-1979) en su famoso libro “Mundos en Colisión” de 1950.

En 2003, el autor británico Trevor Palmer, en su obra “Perilous Planet Earth: Catastrophes and Catastrophism through the Ages”, comentó ciertas peculiaridades sobre la obra de Johann Gottlieb Radlof, señalando:

“Radloff sostuvo que un inmenso planeta situado entre Júpiter y Marte pudo haber sido destruido en la antigüedad debido a una colisión con un cometa. Conjeturó que una fracción del planeta desintegrado se encontró con Marte y fue lanzada a una órbita casi circular alrededor del Sol, cerca de Venus. Mientras que otro fragmento impactó con la Tierra, originando mitos que narran conflictos celestiales entre diversos dioses.”

Los astrónomos alemanes, que hasta entonces habían sido los principales protagonistas en este debate, fueron relevados por los expertos rusos, quienes a principios del siglo XIX entraron en la arena mediática. Continuemos.

Faetón y la pista de Tunguska

El quinto mundo de nuestro sistema solar, en tiempos remotos, siguió una trayectoria errática, aproximándose en ciclos cada vez más cercanos a Júpiter, hasta que alcanzó el punto crítico donde la fuerza gravitatoria de marea lo desgarró, y así se desintegró, transformándose en la agrupación de asteroides que conocemos hoy. Extracto del Libro de Urantia.

Remanentes del meteorito Příbram que en 1959 fuera recuperado en Checoslovaquia. Varios estudiosos sugieran pudieran ser remanentes del desaparecido Faetón. Cortesía: es.qwe.wiki

Aunque Johann Gottlieb Radlof fue pionero en asociar a Faetón con teorías de catástrofes, fueron los académicos rusos quienes emprendieron su propia búsqueda. El primero en tomar la batuta fue el astrónomo Serguéi Vladímirovich Orlov (1880-1958), quien en 1949 adoptó a Faetón como parte de su narrativa. Al año siguiente, en 1950, el erudito Vasily Fasenkov entró en la contienda, proclamando que Faetón se había desintegrado tras un encuentro con Júpiter, aunque posteriormente se retractó de profundizar en su teoría.

Las osadas hipótesis sobre Faetón siguieron ganando notoriedad. No obstante, no fue hasta 1959 cuando un evento peculiar volvió a colocar a Faetón en el foco de atención mediática. Un brillante meteorito, descrito como un proyectil cósmico, impactó en Příbram, en la región de Checoslovaquia. Su trayectoria, una vez calculada, sugirió un origen en algún punto entre Marte y Júpiter.

Otro hallazgo se produjo en el Himalaya, en la Cordillera de Karakórum, en 1975. Durante una expedición liderada por el renombrado geólogo ruso Pavel Florensky, se encontraron enigmáticos fragmentos de un verde resplandeciente, que tras análisis resultaron ser tectitas.

Se informó que estos cristales eran restos de meteoritos nunca antes vistos en la Tierra. Los investigadores rusos que examinaron estas muestras concluyeron que las tectitas se originaron a partir de una explosión violenta, siendo posteriormente expulsadas hacia nuestro planeta.

¿Posibles remanentes de Maldek? Meteorito encontrado en Tunguska en 2016. [Ver más].

Durante la elaboración de este estudio, surge un detalle sorpresivo que se entrelaza con la narrativa, vinculando a Faetón con el misterio aún no resuelto de Tunguska en 1908. Este vínculo destaca a Leonid Kulik (1883-1942) como una referencia clave, siendo el pionero entre los investigadores rusos en Mineralogía que emprendió algunas de las expediciones más memorables para dilucidar el suceso de Tunguska.

Kulik estaba persuadido de que un asteroide de enormes proporciones, estimado en 37 metros de diámetro, había estallado en la taiga siberiana. A lo largo de su carrera, buscó evidencias de esa colisión, que supuso fue causada por un meteorito, aunque sus esfuerzos no lograron confirmarlo.

Estampilla conmemorativa, celebrando el cuarenta aniversario del suceso de Tunguska, y cuyas derivaciones pudieran vincular, con en el enigma de Faetón. Cortesía: sciencephoto.com

Una anomalía

En este punto, surge una curiosidad que esta autora reflexiona. Yevgeny Leonidovich Krinov (1906-1984), un ferviente partidario de la existencia de Faetón y experto en mineralogía y astronomía, participó en las expediciones a Tunguska lideradas por Kulik.

De esas jornadas nació una obra ahora considerada fundamental, “El Meteorito de Tunguska”, publicada en 1949. Sin embargo, en 1975, el mismo año en que se descubrieron las tectitas mencionadas, Krinov tomó una decisión controvertida: ordenó la destrucción de 1500 negativos capturados por Kulik en Tunguska durante la expedición de 1938, alegando que el material fílmico estaba contaminado con nitrato. Muchos se cuestionan si los eventos de Tunguska y Faetón están interconectados, ocultando secretos y consecuencias inesperadas.

Alexander Peterovich Kazantsev – Viejos Cosmonautas, y Faetón

Alexander Peterovich Kazantsev, un nombre intrínsecamente vinculado a Faetón, se destacó como prominente difusor de esta temática en los años sesenta. Oriundo de Akmolins, Rusia, en 1906, y egresado como ingeniero electromecánico de la Universidad Politécnica de TOMSK, sus investigaciones lo condujeron hacia el ámbito de la ciencia ficción, donde cosechó premios significativos por sus ensayos excepcionales. Posteriormente, se adentró en la ufología, siendo reconocido como uno de los pioneros en la teoría de la presencia extraterrestre en tiempos antiguos.

Su reputación se incrementó en 1946 cuando presentó sus teorías sobre Tunguska, proponiendo que el evento fue el resultado de una explosión termonuclear originada por el accidente de una nave alienígena en la Siberia. Además de indagar en los misterios de Tunguska, Kazantsev desarrolló una fascinación por el enigma del planeta perdido.

En un intento por dar forma a sus hipótesis, en 1974 publicó “PHAETAE”, conocido en español como “La Destrucción de Faena”, donde teorizó que dicho planeta albergaba una civilización avanzada que, tras un cataclismo nuclear, sus sobrevivientes se vieron forzados a buscar refugio en la Tierra para huir de la aniquilación. Sobre este tema, profundizaré más adelante.

Al año siguiente de lanzar su novela, Kazantsev reiteró su interés por Faetón, anunciando a nivel mundial que ese mundo, que se presume orbitaba entre Marte y Júpiter, fue aniquilado en la antigüedad por una detonación termonuclear provocada por una sociedad humana avanzada, y que los vestigios de tal catástrofe son visibles hoy en el cinturón de asteroides.

Alexander P. Kazansetv gran defensor de Faetón, que utilizó como recurso para alguna de sus novelas de ciencia ficción.

De manera simultánea a esta declaración tan firme, Kazantsev también se atribuyó el mérito de haber popularizado las misteriosas figuras japonesas conocidas como Dogu, que tienen una antigüedad de 8.500 años, y llegó a afirmar que representan astronautas del planeta Faetón.

A pesar de su destacada reputación, Kazantsev, quien falleció en el año 2002, fue centro de acalorados debates por su postura a favor de la existencia de vida extraterrestre, lo que llevó a muchos críticos a considerar la ciencia ficción como la fuente principal de sus audaces afirmaciones. Por si esto fuera poco, una controversia aún más grande parece envolver a Kazantsev, especialmente si prestamos atención a un relato que lo relaciona con el estimado George Hunt Williamson.

George Hunt Williamson – Canalizando a Maldek

El Libro Sagrado está repleto de alusiones al apocalipsis, venerado por los antiguos terrícolas como Lucifer, y conocido por las entidades cósmicas como Maldek (idioma argénteo). A esto se suman extensas referencias y versículos de comentaristas bíblicos tales como Isaías, Santiago, Josué, y también del libro del Éxodo, en la era de Moisés. — George Hunt Williamson, “Idiomas Diversos. Carnes Diversas”, 1953.

La autora de estas líneas no descansará hasta que George Hunt Williamson sea reconocido por su contribución, la cual es actualmente desatendida. La desmemoria parece ser interminable, posiblemente influenciada por prejuicios hacia su figura. La que escribe admite haber tenido esos prejuicios, pero finalmente ha visto la verdad. Consideremos estos hechos.

En 1953, se publicó un libro que tuvo un impacto significativo en los círculos ufológicos, “Other Tongues – Other Flesh”, aún sin versión en español, cuyo autor es el estadounidense George Hunt Williamson.

El contenido de “Other Tongues – Other Flesh” se centra en las comunicaciones dictadas por los “hermanos cósmicos”, quienes, según Williamson, lo seleccionaron como canal para sus mensajes a la Tierra, utilizando técnicas de escritura automática y señales de radio. La mayoría de las notas en el libro tratan sobre los orígenes de culturas estelares y terrenales antiguas, con un enfoque especial en los misterios del Sistema Solar.

De acuerdo con las revelaciones recibidas por sus emisarios espaciales, y plasmadas en el tercer capítulo de “Other Tongues – Other Flesh”, “Maldek y Malona”, se sugiere que la Tierra se originó de un planeta ahora desaparecido, Maldek, que fue destruido por una guerra nuclear y que habría orbitado entre Marte y Júpiter.

Diferentes Lenguas. Diferentes Carnes. George Hunt Williamson, y un texto clave, publicado en 1953, y de notable influjo para autores posteriores. Cortesía: manybooks.net

Williamson relata:

“Esto implica que Maldek, un mundo de maldad, se desintegró y ardió, contaminando otros planetas del sistema solar. Por su vileza, Maldek (el idioma) encendió su propio núcleo, desatando la fuerza devastadora del hidrógeno, lo que lo llevó a desvanecerse en la invisibilidad”.

Es fascinante notar que la mayoría de estas comunicaciones descritas por Williamson tuvieron lugar en Arizona, que, como se mencionó en un artículo previo, es un sitio de gran relevancia, especialmente en relación con los Hopis. Recordemos, Arizona, la tierra dorada por excelencia.

Además de Maldek, Williamson ofrece información intrigante sobre Marte, anticipándose por más de tres décadas al debate sobre la naturaleza artificial de sus satélites.

“Tras la aniquilación de Maldek-Lucifer, Marte (Masar) sufrió cataclismos. Se desataron enormes erupciones volcánicas. Muchos seres perecieron. Así, Marte se convirtió literalmente en un dios llameante y temible. Es evidente que los marcianos anticiparon lo que se avecinaba, por lo que erigieron dos satélites artificiales, Fobos y Deimos, en un momento de pavor extremo”.

Y añade:

“Las lunas son estabilizadores de los mundos a los que están vinculados”.

Ahora, abordemos el tema de Kazantsev y las estatuillas Dogu. Es bien conocido cómo el autor ruso difundió globalmente su teoría sobre los alienígenas de Faetón, quienes, huyendo de la destrucción de su hogar, buscaron asilo en la Tierra. Las estatuillas Dogu serían la representación de estos viajeros interplanetarios, según la hipótesis de Kazantsev. Y esta escritora reflexiona: ¿son reivindicaciones legítimas o un descarado plagio? Que el lector se sorprenda.

Según mis investigaciones, en la década de 1960, Williamson visitó Japón, donde entró en contacto con estas figuras que más tarde causarían sensación mundial. Está documentado que dos años más tarde, en 1962, el estadounidense envió fotografías e informes de sus hallazgos al ruso, quien en ese momento ya era “asesor del proyecto espacial soviético”.

Se dice que este respondió a su carta, calificando las “fotografías de sumamente interesantes” y de gran relevancia.

En 1963, Kasantsev publicó su famoso ensayo sobre el misterio de las estatuillas Dogu, teniendo mucho cuidado de no mencionar a su enigmático benefactor, quien, como sabemos, fue omitido una vez más en los créditos. El lector podría preguntarse por qué no he mencionado a Zecharia Sitchin y Tiamat, también conocido como Faeton-Maldek. Después de esta aclaración, Sitchin queda fuera de consideración en este contexto.

Antes de cerrar esta ventana sobre Faeton, quisiera añadir un capítulo poco conocido que involucra la Cueva de los Tayos y Maldek, con información exclusiva incluida en mi libro sobre el tema, “Cueva de los Tayos: Misterios Subterráneos de los Mundos Olvidados”, publicado en 2016.

Misterios Subterráneos sobre Faetón

La historia que ahora les relataré me fue contada por un testigo argentino, quien compartió conmigo un descubrimiento sorprendente que vincula a Juan Móricz, las Cuevas de los Tayos y Maldek. Hay muchas historias sobre Tayos, pero esta, sin duda, es una de las más impactantes.

Al parecer, en sus exploraciones por los enigmáticos pasadizos de Tayos, Móricz encontró tres cadáveres de gigantes de cabellos dorados y piel pálida, así como murales con símbolos astrales, que parecían un mapa estelar, y columnas con formas fálicas que decoraban el lugar, cuyos grabados recordaban la escritura cuneiforme.

Pedazos recuperados en 2010 vinculados con el affaire Tunguska. Exponen insolitos patrones, que parece recordar algún tipo de redacción ¿Remanentes de Maldek? Cortesímundogump.com.br

Móricz estaba persuadido de que esos vestigios pertenecían a un planeta denominado Faetón, que se cree orbitaba entre Marte y Júpiter. Tras su destrucción, causada por un conflicto interno, se dice que algunos sobrevivientes emigraron a la Tierra, estableciéndose en su núcleo. El informante también relató que Móricz tenía planes de publicar un manuscrito titulado “El Imperio del Dios Falo”, en el cual revelaría sus hallazgos.

Conclusión

Este artículo representa un esbozo de un tema que ha sido marginalmente abordado por los académicos, pero que recientemente ha experimentado un resurgimiento gracias a divulgadores contemporáneos como el informante estadounidense Corey Goode, con sus teorías sobre un antiguo planeta tipo supertierra.

Diversos términos se utilizan para referirse al planeta desaparecido, tales como Tiamat, Mundo Amarillo, Satania, Lucifer, Astra, convirtiéndose en el foco de relatos míticos. Algunos clarividentes creen que después de la destrucción de Maldek, la Tierra se encontró en un punto de inflexión cósmico. Este tema será materia de futura discusión. Hasta la próxima.

Autor MundoOculto.es