Menos Dócil, Más Despierto

Cada vez que me curo, no vuelvo a ser el mismo. Algo en mí cambia. No es solo el cuerpo, es la mente, es el alma. Me reconstruyo con cicatrices que ya no encajan en este molde que nos imponen.

Siento que cada sanación me arranca un pedazo del viejo yo, ese que creía lo que le decían, que confiaba ciegamente, que no cuestionaba. Y en su lugar, aparece otro: más despierto, más escéptico, más raro… al menos para el sistema.

Porque el sistema no quiere que sanes de verdad. Quiere que dependas, que sigas enfermo, distraído, obediente. Quiere que repitas sus verdades sin pensar, que aceptes su realidad sin investigar. Pero yo ya no juego ese juego.

Cada vez que me levanto, soy menos dócil. Cada vez que abro los ojos, veo más. Y cuanto más veo, más raro les parezco. Me llaman inadaptado, conspiranoico, incómodo. No me importa. Prefiero ser incómodo y libre que encajar en una mentira bien decorada.

Sanar, para mí, es rebelión. Y en este mundo domesticado, cada paso que doy hacia mí mismo es un acto de resistencia.