Cuando te das cuenta…
Entro al supermercado con la intención de hacer una compra rápida, pero al recorrer los pasillos, me detengo a observar los ingredientes. Me doy cuenta de que casi todo contiene organismos modificados genéticamente, está cargado de pesticidas o lleva soja en su composición. De repente, la tarea simple de elegir qué comer se convierte en un dilema.
Me pregunto: ¿queda algo realmente natural? ¿Cuánto de lo que consumo ha sido alterado sin que me dé cuenta? Empiezo a sentir la incertidumbre de alguien que solo busca alimentarse sin preocupaciones, pero que ahora se enfrenta a etiquetas llenas de términos químicos y procesos industriales desconocidos.
La sensación de desconcierto crece mientras reviso opción tras opción. Lo que antes era una rutina ahora parece una búsqueda interminable de algo “limpio”, algo que pueda comer sin cuestionar su origen. Quizá la solución esté en cambiar hábitos, en explorar mercados locales, en buscar información más allá de lo que nos muestran las etiquetas. Pero por ahora, sigo ahí, de pie en el pasillo, preguntándome qué poner en mi carrito.

