Etidorpha – “La Historia de un viaje a la Tierra Hueca”
En 1895, John Uri Lloyd presentó al mundo “Etidorpha”, un texto que rápidamente capturó la imaginación del público, convirtiéndose en objeto de fascinación para aquellos que entre sus páginas encontraron alusiones a enigmas esotéricos.
Para aquel entonces, Lloyd ya era una figura reconocida en Estados Unidos por su contribución a la Farmacología, donde se destacaba como un experto distinguido. Aunque “Etidorpha” narra un viaje a las entrañas de la Tierra, reminiscente de las obras de Verne, Lloyd infundió a su relato una riqueza que le granjeó una popularidad inusitada.
El éxito de “Etidorpha” no estuvo exento de polémica, y surgieron especulaciones sobre si Lloyd, posiblemente un masón, estaba divulgando secretos de su hermética fraternidad, o si simplemente era un aventurero de la era moderna. Lloyd mantuvo el misterio sin resolver, y con su muerte, la curiosidad en torno a “Etidorpha” solo se intensificó. A un siglo de distancia, las preguntas persisten. Profundicemos en las pistas disponibles.
John Uri Lloyd – Biografía del hombre que se aventuró en lo desconocido
Un catedrático de fisiología de la Universidad de Cincinnati, al visitar el laboratorio de Lloyd, quedó cautivado por la ferviente dedicación que Lloyd mostraba hacia el método científico. En un tributo a Lloyd publicado en 1923, su colega expresó: “¿Es la ciencia simplemente un manto que te pones y quitas en horas laborales convenientes? Si es así, entonces John Uri Lloyd no es de tu interés, ya que para él, la ciencia es la esencia de la vida… La persigue con la pasión de los amantes, la ilusión del romance; y la maravilla con la que los niños siguen el arcoíris. Los alcaloides para él no son meros precursores de medicamentos, sino voces que narran secretos de otro mundo”. – RJ Smith, “John Uri Lloyd: Hasta el Infinito Y Más Allá”, 2015.
John Uri Lloyd, el creador de “Etidorpha”, nació en West Bloomfield, Nueva York, el 19 de abril de 1849, hijo de Nelson Marvin Lloyd y Sophia Webster, ambos educadores, quienes más tarde tendrían a Nelson Ashley Lloyd y Curtis Gates Lloyd.
En su niñez, John Uri Lloyd soportó las burlas de sus pares debido a su baja estatura y voz aguda. Sin embargo, estas adversidades no impidieron que el joven Lloyd se enamorara de la farmacología. A la temprana edad de 14 años, comenzó su formación formal en el campo, desarrollando una pasión por la química y la física que lo distinguiría a lo largo de su vida. A los 24 años, obtuvo su licencia para ejercer como farmacéutico.
John Uri Lloyd, un visionario que con “Etidorpha” desafió las fronteras del conocimiento científico.
Anteriormente, John Uri Lloyd se vio influenciado por el movimiento ecléctico, que promovía el uso de remedios naturales en lugar de tratamientos convencionales, considerados más benignos que los compuestos químicos como el cloruro de mercurio y la estricnina. Esta filosofía inspiró nuevos ideales en él, que se concretaron en la fundación de Lloyd Brothers, una empresa que inició junto a sus hermanos en 1876. Fueron años marcados por la investigación botánica. Posteriormente, Lloyd se distinguió como un prolífico inventor, dejando un legado de innumerables patentes médicas.

“Etidorpha”, publicada en 1885, se convirtió en un fenómeno editorial que incluso tomó por sorpresa a su autor, John Uri Lloyd.
John Uri Lloyd destacó principalmente en la redacción de artículos científicos, con una prolífica obra de cinco mil textos, 14 libros y varios tratados. Su incursión en el ámbito académico le valió un rápido reconocimiento como un profesor riguroso y respetado, cuyas clases eran altamente solicitadas. Paralelamente, Lloyd era un lector insaciable y acumuló una vasta biblioteca personal de aproximadamente 250.000 volúmenes. Con acceso a una amplia gama de materiales, incluyendo textos de alquimia y espiritualidad, no es de extrañar que Lloyd tuviera conocimientos tan variados. A pesar de su aparente vida tranquila, pensamientos misteriosos lo inquietaban. Se había distanciado del método científico tradicional, adoptando un enfoque ecléctico que buscaba tratar a los pacientes de manera más holística.
Lloyd anhelaba el reconocimiento de sus colegas y se resistía a ser considerado un excéntrico. Esta situación lo frustraba, como se relata en “John Uri Lloyd: Hasta el Infinito y Más Allá” (2015) de JR Smith:
“El eclecticismo, como su nombre indica, abarcaba un amplio espectro, y bajo su bandera se agrupaban desde charlatanes hasta científicos serios como Lloyd. Los eclécticos desafiaron a la industria farmacéutica mucho antes de que fuera popular o poderosa. Por esta razón, y debido a su incapacidad para adherirse a estándares y prácticas aceptados, el eclecticismo fue criticado por las instituciones médicas establecidas. Algunos eclécticos disfrutaban de su estatus marginal, pero no Lloyd, quien confesó a un amigo farmacéutico haber sufrido casi toda su vida la ‘indiferencia’ de la comunidad científica y académica”.
Quizás como una forma de liberarse de estas preocupaciones, Lloyd se aventuró en un proyecto arriesgado, consciente de que su reputación podría verse afectada. Buscaba llegar a un público menos dogmático con una historia velada de narrativa fantástica, con la intención de transmitir un mensaje especial.
“Cuando ‘Etidorpha’ se publicó por primera vez en 1895, sorprendió incluso a quienes lo conocían mejor. ‘La repentina revelación de este aspecto de su trabajo asombró a sus amigos más cercanos’, comentó una revista médica. ¿Cómo no iba a ser así? La historia comienza en el presente de aquel entonces, con Lloyd sumido en su biblioteca privada, rodeado de polvo y libros. Su estado de ánimo es melancólico. ‘Me siento en una biblioteca extraña y reflexiono’, escribe. ‘Las sombras de autores sombríos me susurran, figuras esqueléticas se enfrentan a mí y fantasmas se apoderan de los rincones oscuros de la biblioteca que estoy construyendo’”, RJ Smith. “John Uri Lloyd: Hasta el Infinito Y Más Allá”, 2015.
El interés por “Etidorpha” comenzó con unos folletos que Lloyd distribuyó entre sus conocidos, anunciando la publicación de un libro próximo sin dar muchos detalles. Cuando la curiosidad se apoderó de su círculo social, se difundió el rumor de que Lloyd no respondería preguntas sobre su contenido. El anzuelo funcionó, y Lloyd pronto tuvo 1200 suscriptores ansiosos por obtener una copia del enigmático libro.
Los que confiaron en Lloyd recibieron un hermoso paquete que contenía “Etidorpha”. Lloyd financió personalmente este esfuerzo, intentando mantener su publicación dentro de un grupo selecto y evitando cualquier promoción que pudiera comprometer su prestigioso trabajo académico.
Contra todo pronóstico, “Etidorpha” se escapó de su confinamiento dorado y se convirtió en un éxito de ventas inesperado, sorprendiendo al propio Lloyd. Para sus amigos, el libro también fue una revelación, ya que desconocían que Lloyd había estado trabajando en él desde 1880 en secreto. Pocos sabían de su intensa curiosidad por temas como la alquimia, el ocultismo y el espiritualismo.
El distinguido farmacéutico estaba convencido de que en cada ser humano residían poderes desconocidos para la ciencia, como la telepatía, como lo menciona en “Etidorpha”:
“Se desarrollarán inconscientemente nuevas fuerzas mentales en el estudiante de la naturaleza a medida que se descubran los fundamentos de estas ciencias hipotéticas. Con el paso de las eras, las facultades humanas evolucionarán progresivamente hacia estados superiores, hasta que lo que ahora es posible para algunos individuos de la escuela esotérica purificada, pero que parecería milagroso si se manifestara abiertamente hoy, será factible para la humanidad en general y estará en perfecta armonía con las leyes naturales”.
Con este preámbulo, nos adentramos en John Uri Lloyd y su intrigante obra, titulada “Etidorpha o el Fin de la Tierra. La Extraña Historia de un Ser Misterioso y el Relato de un Viaje Notable”, tal como se comunicó en el manuscrito de Llewelyn Druri, quien prometió publicarlo pero finalmente eludió la responsabilidad, que fue asumida por John Uri Lloyd.
Según Lloyd en “Etidorpha”, un tal Johannes Llewellyn Llongollyn Drury, presentado como un ferviente adepto de la alquimia y el ocultismo, es contactado en su biblioteca por un anciano de cabellos blancos que parece teletransportarse ante él. Esta misteriosa figura, conocida como ‘Yo soy el hombre que lo hice’, le entrega un manuscrito que narra eventos ocurridos treinta años atrás.
Lloyd nos introduce a extraños sucesos que involucran a una sociedad ocultista, que al descubrir que uno de sus miembros había divulgado información prohibida sobre la Alquimia, lo castiga encerrándolo en un manicomio. Sin embargo, el adepto tiene la oportunidad de redimirse aceptando un viaje al interior de la Tierra.
Después de aceptar, su apariencia física cambia, provocando un envejecimiento prematuro para ocultar su identidad. Más tarde, un guía del inframundo lo contacta, descrito por Lloyd como una criatura lampiña con ojos ciegos y cuerpo desnudo, similar a un lagarto acuático, un verdadero ser anfibio. Juntos, se adentran en una cueva desconocida de Kentucky.
El viaje de iniciación, entre maestro y discípulo, marca la odisea de Etidorpha hacia los límites más recónditos de la Tierra.
Andrea Scarabelli, en su libro “Ciencia y fantasía: ‘Etidorhpa’, La tierra hueca de John Uri Lloyd” (2020), relata:
“Tras atravesar un laberinto de oscuros túneles sin fin, los viajeros emergen en una zona resplandeciente, donde una luz asombrosa emana del núcleo terrestre. Descendiendo hacia las profundidades geológicas, experimentan una ligereza creciente y una desaceleración de sus funciones vitales: los latidos del corazón se vuelven más pausados, el apetito y la sed se esfuman. El aire, que al principio parecía tóxico y asfixiante, se transforma en una energía vital y efervescente que los revitaliza”.
Así comienza una aventura iniciática en la que un ser anfibio misterioso y el discípulo (conocido como ‘Yo soy el hombre que lo hice’), en roles de mentor y aprendiz, son los protagonistas de una extraordinaria travesía subterránea. Lloyd nos habla de incontables cavidades vacías dentro de nuestro planeta, cada una albergando su propia realidad y conciencia. Algunos interpretan este viaje como una búsqueda metafísica del conocimiento interior del ser humano.
Las fascinantes ilustraciones de “Etidorpha” son creaciones de John Augustus Knapp, un estudioso del ocultismo.
El investigador italiano Andreas Scarabelli, en su obra “Ciencia y fantasía: ‘Etidorpha’, La tierra hueca de John Uri Lloyd” (2020), describe:
“Representan diferentes aspectos del Yo, fases de un viaje espiritual, una descenso que guía al protagonista a través de varios estados del ser, culminando en una revelación definitiva”.
A medida que avanzan por estas cavidades, los personajes son testigos silenciosos de escenarios de ensueño, tales como bosques de hongos gigantes comestibles, vegetación frondosa, fauna exótica y otras maravillas.
Los dos aventureros también debaten sobre el funcionamiento de ciertas fuerzas naturales como la electricidad, la luz, la gravedad y los volcanes, e incluso aluden a poderes paranormales aún por explorar. Se insinúa que en estos recónditos lugares podría encontrarse la semilla de la inmortalidad humana. Finalmente, se encuentran con la enigmática Etidorpha, conocida en la antigüedad como Afrodita, Venus e Ishtar. Durante su extraordinario viaje, también se tratan temas espirituales y filosóficos.
La publicación de “Etidorpha” desató un torbellino de debates sobre si se trataba de una fantasía creativa o de una historia real disfrazada de ficción. Lloyd se mantuvo enigmático, evitando revelar sus fuentes.
En 1902, durante una de sus muchas presentaciones, Lloyd respondió de manera elusiva a una pregunta sobre sus fuentes para “Etidorpha”, como lo relata RJ. Smith en su fascinante estudio “John Uri Lloyd: Hasta el Infinito Y Más Allá” (2015):
“No poseo imaginación. Simplemente recuerdo”, declaró. “Escribo sobre cosas distantes, desde una perspectiva temporal. Son los eventos los que perduran y se vuelven más nítidos con el paso de los años”.
Más allá de estas reticencias, “Etidorpha” toca un tema muy conocido: la Tierra Hueca. El punto de interés es Cincinnati, Ohio, donde Lloyd desarrolló su obra. Es relevante mencionar Cincinnati, ya que es el lugar de nacimiento de John Cleves Symmes, uno de los principales divulgadores de la teoría de la Tierra Hueca, sobre quien esta autora ha escrito previamente. Sigamos explorando las pistas.
Yo Soy el Hombre ¿Revelación de un secreto masónico?
“Dentro de las cofradías secretas que han custodiado la sabiduría desde la era de Enoc y Elías en Egipto, los cuales difundieron la Orden Egipcia, se oculta un vasto conocimiento dentro de una facción de su ancestral Hermandad. Este conocimiento, que debería ser revelado al mundo y sumarse a los tesoros de nuestro grupo de iniciados, no se encuentra plasmado en textos o pergaminos; ha sido ocultado intencionadamente de aquellos que no han sido admitidos, conservado en la memoria inaccesible de hombres silenciosos.” – John Uri Lloyd, Etidorpha, 1895.
Uno de los personajes más enigmáticos es, sin lugar a dudas, el enigmático “Yo soy el hombre”, presentado brevemente como un adepto de la Alquimia. Circula el rumor de que detrás de esta narrativa se esconde un evento real que data de 1826, con un masón liberal llamado William Morgan como protagonista. Se rumorea que Morgan estaba a punto de publicar un libro revelando rituales secretos y juramentos masónicos, lo que habría provocado su secuestro y asesinato por parte de sus hermanos masones, quienes también incendiaron la imprenta donde se encontraba el material en cuestión. Este crimen desencadenó una intensa persecución contra la Masonería en todo Estados Unidos, aunque el misterio permaneció sin resolverse ya que el cuerpo de Morgan nunca fue encontrado. En un giro del destino, Lucinda Pendleton Morgan Harris, quien había estado casada con William Morgan, se convirtió en una de las esposas del líder mormón Joseph Smith.
Bruce Walton, un prominente divulgador de los misterios subterráneos, sugiere en su intrigante artículo “¿Fue William Morgan el Hombre?” que Joseph Smith era un defensor de la teoría de la Tierra Hueca, tema que solía abordar en sus discursos. Smith afirmaba que era posible acceder a este territorio desconocido a través de los polos, lugar al que supuestamente se habían refugiado las Diez Tribus Perdidas de Israel.
Etidorpha y la conexión Afrodita
La novela toma su nombre de un encuentro con una entidad denominada ‘Etidorhpa’, que se manifiesta después de que el protagonista, Yo Soy El Hombre, rechaza beber un destilado de “derivados de las especies más exóticas de hongos”. En vez de caer bajo el efecto de las drogas, queda embriagado por la presencia de esta criatura angelical, cuya elocuencia deslumbrante casi opaca su hermosura. – Etidorhpa de John Uri Lloyd (1895), 2021.
El título de la obra de John Uri Lloyd es objeto de debate, revelando su verdadero significado como Afrodita, o más precisamente, Etidorpha al revés. Según la trama de Lloyd, Etidorpha se descubre al final de un viaje enigmático, vinculándola con Afrodita (palabra griega que significa ‘nacida de la espuma’). Fue venerada en Roma como Venus y en la antigua Babilonia como Ishtar, la diosa del amor. Lloyd, fiel a su estilo, revela poco sobre Etidorhpa, excepto que sirve como una prueba iniciática para el viajero.
Además, existe una teoría intrigante sobre el misterio de Etidorpha. Proviene de un hilo en Reddit que compara Etidorhpa con Venusberg, mencionando:
“En la Alemania medieval, existía la leyenda de Venusberg, una montaña bajo la cual residía la diosa Venus (la versión romana de Afrodita), o un espíritu o hada con ese nombre. Se contaban historias de personas que desaparecían bajo Venusberg para encontrarse con ella y su séquito, a veces con extrañas distorsiones temporales”.
Se especula que la montaña de Venusberg podría estar en las colinas de Hörselberg, cerca de Eisenach, Turingia. Allí, se dice que Richard Wagner encontró inspiración para su eterna obra, Tannhäuser, el caballero que, al igual que en Etidorpha, se enfrentó a una realidad alterna.
¿Es Etidorpha un viaje lisérgico?
Finalmente, ante mis ojos, la luna se esfumó, las estrellas se extinguieron una tras otra, y observé cómo el sol perdía su brillo, hasta que solo una capa nebulosa, semejante a un velo, marcaba su presencia, y luego… el vacío. Me encontraba en un universo de distancias insondables. – John Uri Lloyd, Etidorpha, 1895.
Los conocimientos de John Uri Lloyd en farmacia han llevado a muchos eruditos a creer que “Etidorpha” es el resultado de estados alterados de la mente, con Lloyd como su propio experimento. Aunque Lloyd nunca lo confirmó, las fascinantes ilustraciones de “Etidorpha” sugieren esta teoría como una posibilidad intrigante. Es importante destacar a John Augustus Knapp, el artista detrás de estas ilustraciones.
Knapp, también de Cincinnati y miembro de la Sociedad Teosófica, tenía vínculos con el renombrado ocultista Manly P. Hall, ilustrando su obra esotérica “Las Enseñanzas Secretas de Todas las Edades”. Al parecer, fue presentado a Lloyd por su hermano Curtis, un experto micólogo. ¿Podría ser esta conexión con el mundo de los hongos la clave que merece mayor atención?
Secretos de Mammoth Cave
“Las sinuosas cavernas se extienden por miles de millas, adornadas con formaciones que aún pueden desempeñar un papel vital en el gran diseño de la naturaleza. Están predestinadas a nutrir a las multitudes errantes cuando llegue el momento en que las naciones humanas dejen atrás la superficie terrestre y se unan para transitar estas cavidades en su peregrinación hacia una existencia pura en el reino interior.” – John Uri Lloyd, Etidorhpa y el destino humano, 2009.
La Cueva Mammoth, una de las más grandes del mundo, es famosa por su supuesto portal a un mundo subterráneo. Según el sitio web nps.gov, este lugar se encuentra en Kentucky, EE. UU., y es conocido por su vasto sistema de cavernas.
En la obra “Etidorpha”, estas cuevas se describen como una conexión con un reino oculto. Sin embargo, John Uri Lloyd no fue el primero en sugerir que la Cueva Mammoth es una entrada al interior de la Tierra. En 1878, bajo el seudónimo Howard De Vere, Howard Van Orden publicó “A Trip To The Center Of The Earth” (Un Viaje Hacia el Centro de la Tierra). Curiosamente, Lloyd añade que la Cueva Mammoth podría tener una entrada submarina hacia la tierra hueca, lo que evoca el enigmático misterio de Tayos.
Autor MundoOculto.es





