Querido gobierno
Querido gobierno:
Gracias por crear el problema, controlar la reacción… y venderme la solución. Un ciclo tan perfecto que casi te aplaudo.
Porque sí, yo lo veo. Primero generas el caos —ya sea con miedo, crisis económica, inseguridad o una amenaza invisible. Luego, tú mismo, disfrazado de salvador, apareces con “la única salida”, exigiendo obediencia, más control, menos libertad.
¿Y sabes qué es lo peor? Que la mayoría te cree. Se arrodillan agradecidos ante quien les quitó la paz… y después les vendió pastillas para dormir.
Pero yo ya no trago. No necesito más simulacros de emergencia, ni más discursos con cara seria y voz temblorosa. No necesito que me «cuides», ni que me encierres, ni que me rastrees en nombre de mi propio bien. Sé muy bien cómo funciona tu teatro.
Gracias, en serio. Por abrirme los ojos, aunque haya sido a golpes.
Gracias por salvarnos… de ti mismo.
Amén.

